volver
Sandra Bianchi
“Cuentos de colección y recolección”. Revista Nuestra América, Revista de Estudios sobre la Cultura Latinoamericana, Nr. 6 (Agosto-Diciembre 2010). Porto, Portugal: Ediçoes Universidade Fernando Pessoa.
Ficciones de colección y recolección
Luisa Valenzuela. Tres por cinco, Madrid, Paginas de Espuma, 2008, 150 pp. ISBN: 978-84-95642-81-3.
--------------------.BREVS. microrrelatos completos hasta hoy, Córdoba, Alción Editora, 2004, 130 pp. ISBN: 950-9402-285-5.
----------------------. Juego de Villanos, Barcelona, Thule Ediciones, 2008, 128 pp. ISBN: 978-84-96473-20-1
Cada poética ofrece una mirada sobre el mundo cuya elaboración estética se construye en el tiempo, con las obras que un artista suma a su producción, y en el espacio, textual- ese texto único, recreado sin cesar -, que modela las variantes de forma y estilo que devienen la marca registrada del creador.
Leer la obra de Luisa Valenzuela desde una visión panorámica, integral, implica explorar un sólido universo discursivo, lúcido-lúdico, que propicia correspondencias internas, recorridos intratextuales entre sus ficciones y sus ensayos. Sus narraciones y reflexiones tensadas por el deseo, el poder y la escritura, son una suerte de triángulo que impulsa, al decir de “Interpósita persona”, uno de sus microrrelatos, a una “fuga de ángulos, flecha hacia otros contactos”, en este caso,del sentido, del texto vivo y plural.
La fórmula Tres por cinco ofrece una respuesta única, inmutable, según la lógica matemática. Pero rehabilitada en otro marco de lectura, puesto que es el título de una de las recientes colecciones de cuentos de Luisa Valenzuela, la propuesta se transforma. La autora suele decir que el punto de partida de su escritura es una pregunta, generadora a su vez de más preguntas: su literatura no intenta dar respuestas. Si bien son quince los cuentos que componen el volumen, sus narraciones rehuyen de las certezas y los textos expanden y multiplican el sentido.
Al libro como objeto y como texto se ingresa a través de una imagen de tapa que presenta un sujeto a lo Magritte, sin rostro, al menos visible, que presuntamente está detrás de (¿o su rostro es?) un reloj circular de pared con dos únicos números repetidos, 3 y 5. Es un reloj imposible que instala en primerísimo plano uno de los interrogantes centrales del libro: el tiempo en sus variadas especulaciones. La circularidad, las superposiciones, el illo tempore, las coincidencias o desencuentros improbables, y otras oscilaciones que depara esta coordenada, inconcebible en su linealidad, se entraman con otras búsquedas de la poética de Valenzuela: las simetrías. Con la publicación del volumen de cuentos Simetrías (1993) Valenzuela pone nombre a un eje central de su poética, precisamente el eje de la simetría que divide concepciones, discursos, interioridades/exterioridades, tiempos, estructuras gemelares -entre otros elementos funcionales para la narración- pero que a las vez los funde puesto que las contracaras y los reversos encuentran en su universo narrativo el punto de fusión, las resonancias internas que los reúne, el espejo que los refleja.
Con esta otra lógica circulan todas las narraciones de Tres por cinco, matemáticamente distribuidas en las secciones “Borraduras”, “Nuevos Mundos”, “Edad temprana”, “Juegos” y “Desplazamientos”. Desde la primera a la última, los avatares de la temporalidad ponen en cuestión, una vez más, el estatuto de lo real o más bien de “la llamada realidad” como a la autora le gusta nombrar a esta categoría. Pero el tono distintivo de estas narraciones es que no se impone la crueldad de una realidad política siniestra como en sus anteriores libros de cuentos, contextualizados en los durísimos años de plomo de la Argentina. Si bien la impronta de Walsh, cuyo consejo es una marca de agua en la escritura de Valenzuela (“Olvidá el mensaje. Olvidá todo aquello que tengas para decir. Olvidá tu ideología. Olvidá todo excepto la historia. Si tu ideología es lo suficientemente fuerte, aflorará en cada palabra”, según rememora en Escritura y Secreto) la cosmovisión que emerge en estas narraciones está más emparentada con poéticas con las que Valenzuela también se identifica, Cortázar y Lispector asoman en entrelíneas.
Algunos cuentos incluidos en Tres por cinco provienen de otras publicaciones (“La máscara y la palabra”, “Fin de milenio”, “El otro libro”, “Otrariana”) y se resignifican en un conjunto que involucra los vínculos entre las personas (“Integración”), la identidad ( “La camisa con calma”), las transformaciones y los deslizamientos del ser (“Tiempo de retorno”) , y se entraman con sus ineludibles reflexiones sobre la escritura como acto vital
( “Pacto”).
Cierta huella de lo fantástico como registro de la verosimilitud gravita en los procesos que experimentan algunas protagonistas de los cuentos. Las de “La máscara y la palabra” y “La calesita”, para referir solo unos ejemplos, se esfuman del aquí-ahora con poética sutileza y quedan suspendidas en un tempo que fuga, solo aprehensible desde otra dimensión.
Las mutaciones o cambios de estado contemplan desde la materialidad del sujeto, como le sucede a Luisa y a L.V., las narradoras de “La estatua de arena” y “Pacto” respectivamente, donde el espacio biográfico se funde con la ficción, hasta niveles de mayor abstracción como los roles asignados en un pacto literario.
“Todo escritor debe haberse soñado alguna vez como personaje de su propia literatura”, afirma Valenzuela, en Peligrosas Palabras (2001), que ha jugado en sus obras anteriores con cierta reversión del código pirandelliano, en el que la búsqueda es la de la autora, su propia búsqueda en la escritura. Para ello basta con resaltar una Valenzuela que se compromete en la realidad de la ficción, en la novela Cola de Lagartija (1983) cuyo segundo capítulo abre con el juramento que expresa en primera y real persona “Yo Luisa Valenzuela…” y lo cierra con plena asunción, con su firma real como rúbrica; o a la Valenzuela de Los deseos oscuros y los otros (2001) que literaturiza una etapa de su vida.
En “La errante”- cuento magistral que cierra el libro, donde reflexiona sobre la identidad en relación con la lectura y su propia escritura- una lectora, alter ego de Luisa Valenzuela, busca a una autora cuya obra conoce muy bien, Lucía Avalón - seudónimo que convoca con simetría y sonoridad a Luisa Valenzuela- a través de las pistas que diseminadas y travestidas en la narración, relevan su propia obra.
Luisa Valenzuela cultiva otro universo de cuentos breves, tan breves que el género se conoce como microficción o microrrelato, además de otras tantas etiquetas que recibe esta modalidad textual tan particular. La autora los escribía desconociendo su filiación, pero luego de ser convocada a congresos sobre el tema y de impartir en 2001 un “Taller de Escritura breve”, en la Universidad de Monterrey, comienza a reflexionar sobre este formato al que dedica varias páginas en su ensayo Escritura y Secreto (2002).
Su primer libro, conciente del género, es BREVS. microrrelatos completos hasta hoy (2004). Los microtextos que lo componen provienen de sus colecciones Aquí pasan cosas raras (1976), libro escrito en un mes a la sombra de la violencia de la Triple A, en los cafés de Buenos Aires, y Libro que no muerde (1980) que se origina en los brevísimos que la autora encuentra, casi con sorpresa, en los cuadernos rescatados de su biblioteca antes de irse de su país en el `79, pues muchos de ellos siquiera fueron escritos con la intención de ser publicados. Luisa Valenzuela entonces, edita esta producción anterior según comenta en las palabras preliminares: estableció un orden y eligió el título de la compilación, un título que desde su grafía convoca al lenguaje como una presencia dinámica, lúdica, atenta a los juegos significantes y a burlar el orden de la norma gramatical.
Una vez más Valenzuela, lectora de su propia obra, activa la secuencia escritura/ lectura/ reescritura y realiza el “armado” de BREVS, poniendo en serie textos que se aglutinan por proximidad semántica, que funcionan como pequeñas piezas textuales. También como fragmentos de un rompecabezas narrativo en el que puede relevarse las diversas isotopías de esta poética: el lenguaje, el otro, la identidad, el sujeto y sus transformaciones, la ideología, el cuerpo, la escritura, el miedo y la muerte, la vida y la ficción.
Sus BREVS se actualizan en Juego de Villanos (2008), recientísima publicación de microrrelatos. Sin anunciarse como tal, el libro es una suerte de “obra completa”, si esta afirmación fuera posible: sabemos que los stops temporales son inconcebibles en el universo literario de Valenzuela. Una lectura del índice señala una puesta al día de su obra microficcional que aparece ordenada cronológicamente. En la séptima sección bajo el subtítulo “Microrrelatos nuevos (2006-2008)”, presenta sus trabajos inéditos hasta entonces en los que se registra un cambio de tono, similar a Tres por cinco. En esta sección Valenzuela revisita lo siniestro y lo inquietante no ya desde una realidad política amenazante sino desde los misterios que habitan la vida cotidiana.
Algunos microrrelatos están dedicados a sus pares, escritores y colegas de esta modalidad textual y este gesto, más allá de la cordialidad, permite leer los guiños que hacen a la intimidad y cierto clima de pertenencia al grupo de cultores de lo mínimo.
El lector de microficción, un digno partenaire de esta literatura, bien puede hacer suyas las palabras de “La errante”: “Algo más que la simple identificación me mueve a la lectura: este libro intenta decirme algo”. Estos nuevos libros de cuentos de Luisa Valenzuela se suman a la gran colección de sus textos que en incesante diálogo convocan al lector a participar en la otra cara de la ficción, en la tarea lectora- recolectora del huidizo Secreto.