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Hay
que sonreír
CD VIRTUAL
Diseño y armado: Carlos Muslera y Hebe Solves
http://hayquesonreir.cjb.net/
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Hay
que sonreir
Novela de Luisa Valenzuela
Clara, la protagonista, de la novela, ese pobre animalito
primitivo de provincianía, que vive su vida de
prostituta inconsciente (porque ella jamás tendrá
la consciencia de serlo, y en verdad nunca lo es aunque
reciba dinero por su cuerpo), esta Clara es el verdadero
hallazgo de la novela, la singularidad dentro del tema
común. Con ella Luisa Valenzuela descubre la más
sorprendente dualidad que puede existir en el candor del
ser humano.
Esta novela, al premiarla como jurado del Fondo Nacional
de las Artes, me sorprendió por la riqueza de imaginación
que revelaba tanto como por el ascetismo de la expresión.
Porque literariamente no hay nada de más en ella,
nada sobra en razón del acendrado rigor de su estilo;
calidad ésta la más sorprendente en un primer
libro y que destaca la presencia de una escritora nata.
Otra excelencia de esta novela es el colorido y el ajuste
con que pinta ambientes tan diversos a aquellos en que
vive la autora; la facilidad para crear ese mundo que
permite al lector imaginar personas a los
personajes y que es la calidad esencial de un novelista.
Luisa Valenzuela la posee, como posee la suprema habilidad
de urdir un final, el clásico fin de
todo cuento o novela. El final de Hay que sonreír
es totalmente inesperado, sorprendente y, sin embargo,
esencialmente lógico. Cuando pasada la sorpresa
se lo analiza, se comprende que no podía ser otro.
Deseemos pues que la amistad de los amigos desconocidos,
que un autor gana a través de sus libros cuando
se entrega generosamente, habrán de dar a esta
novela el éxito que ella merece. Éxito en
el costado profundo y permanente que a menudo se oculta
en esta palabra un tanto alejada. Éxito la duradera
calidad que merece Luisa Valenzuela.
Hay que sonreír
Por Luisa Valenzuela
Americalee, Buenos Aires 1966
La imagen de la mujer impulsada por diferentes factores
(ambientales, sociales, psicológicos) a ejercer
lo que se conoce como la profesión más antigua
del mundo, ha sido creada y recreada profusamente en la
literatura, con diversa fortuna.
Sin embargo, Luisa Valenzuela logra un enfoque absolutamente
inédito del viejo tema. Porque Clara, su protagonista,
configura la imagen de una prostituta tímida, tierna,
arrastrada una y otra vez por las circunstancias pero
que conserva intacta una suerte de pureza original, una
condición inaferrable de mujer-niña que
le hace soñar con cándidas cañitas
voladoras que celebran la Navidad, mientras el cuerpo
se entrega sumisamente a los requerimientos del enamorado
de turno.
Las rebeldías de la joven son inevitablemente transitorias
y a cada una de ellas sucede un largo período de
pasividad. Además, sus afanes por cambiar de vida,
carentes de verdadera raigambre, son tan esporádicos
como estériles.
Cuando llega al matrimonio, lo hace impulsada por el brillo
de unas lentejuelas de colores, por el misterio de un
supuesto hindú. Pero la realidad la defrauda irremisiblemente.
Y oscilando entre su mundo imaginario y el verdadero,
entre las exigencias de sus sentidos y los requerimientos
de un alma inquieta, esta Clara cuerpo y cabeza
ve transcurrir la existencia como obnubilada por una suerte
de niebla, de la que nunca consigue emerger del todo.
Junto a esta figura central, impulsándola, complementándola,
determinándola desfilan personajes incuestionablemente
argentinos. Pero también de vigencia universal.
Aislados por su incomunicación, absortos en sus
problemas, cegados por su egoísmo, ajenos al estremecimiento
inevitable de Clara que busca vanamente un sentido a su
vida, la final de cuyas rebeldías es cortada de
raíz por un fracaso aceptado en el último
sometimiento.
Tierno y amargo, profundo y conmovedor, este vívido
retrato que es también (más por propia gravitación
que por una intención deliberada de la autora),
un tenso y contenido alegato, está escrito en un
lenguaje directo y espontáneo, en un ininterrumpido
fluir que apoya adecuadamente el contenido argumental.
Diana Castelar
Revista Histonium
Enero 1967
Hay que sonreír
Por Luisa Valenzuela
Americalee, 1966
Luisa Valenzuela parte de una realidad fotográfica
y a partir de ella desarrolla los esquemas de esta novela,
tierna y amarga, conmovedora por lo que tiene de humano,
de sensible esta Clara que antes que personaje de letra
de imprenta es una criatura vívida, palpable, entrañable,
diaria.
En Hay que sonreír, Clara no sólo es la
protagonista sino que su papel resulta excluyente, pues
la vida no se muestra ni está vista a través
de personajes colaterales (desde el conscripto del primer
capítulo hasta el Alejandro del final) porque se
diría que lo único positivo en la vida afectuosa
de Clara es su gato Asmodeo.
Clara es un ser ingenuo que tiene una visión no
muy concreta de sus anhelos. En realidad su candor pareciera
ser el único medio de defenderse en un mundo que
se le presenta las más de las veces, hostil hasta
el exceso. El oficio de Clara es una especie
de poesía particular porque a ella le sirve como
pretexto y no como fin. A través del itinerario
desesperanzado y melancólico de una prostituta
sin suerte, Luisa Valenzuela desarrolla una trama rica
en esencias vitales con una protagonista que es
un ser de carne y hueso, no un retrato. Un documento conmovedor,
no una ficha. Un personaje de este mundo, no de la literatura.
El haber logrado despertar interés por una protagonista
de todos los días sin los artificios de algunos
seres idealizados no es el mérito menor de Luisa
Valenzuela.
Mérito también, y alto el de Luisa Valenzuela,
es el de no haberse entrometido con la protagonista, es
decir el haber dejado que Clara se manifestara como un
ser independiente de la subjetividad de la autora. No
es por tanto esta novela una manifestación de propósitos
sino el documento de un personaje de todos los días
a quien se ha querido relatar con prolijidad minuciosa,
y en verdad, la autora, que en esta su primera novela
nos da la seguridad de su agudeza novelística,
ha recreado una realidad que fácilmente hubiera
podido ser el relato de un submundo, en una historia tierna,
de un dolor cotidiano, de una prodigiosa sencillez de
recursos y que se nos manifiesta como el currículum
íntimo y tierno de una prostituta que a través
de su ingenuidad va a aceptando el mundo hasta casi encauzarlo
a través de las imágenes ahítas de
ternura con que Luisa Valenzuela ha edificado los sitios
y seres de su novela, tan llena de méritos que
no es aventurado vaticinarle un lugar destacado en nuestra
novelística femenina.
Noemí Zabala
Comentario, abril 1967
(faltan agregar imagenes publicaciones diarios)
Publicaciones
Sonreir 1- El Mundo, 8 de enero 1967
Sonreir 2- Revista Histonium
Sonreir 3- Revista Histonium, enero 1967
Sonreir 4- La Nación, 26 de noviembre de 1966
Sonreir 5- Clarín Literario, 27 de octubre de 1966
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