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El gato
eficáz
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El gato eficaz
Por Luisa Valenzuela
(Joaquín Mortiz-México)
Del periodismo que comenzó a ejercer casi precozmente,
es probable que Luisa Valenzuela haya obtenido los elementos
esenciales con los cuales fue reelaborando íntimamente
sus puntos de vista para proyectarlos a la literatura.
A partir de esta nueva experiencia que otorga a los hechos
y las cosas una dimensión a veces desconocida,
la situación de Luisa Valenzuela pasa a ser la
de una escritora de reacciones instantáneas y dotada
para descubrir de inmediato el lado de la realidad contra
la cual considera perentoriamente necesario rebelarse,
de manera tal que el conflicto está planteado cuando
comienza su juego sutil de oposición y también
de desafío.
En El gato eficaz, su último libro (Luisa Valenzuela
había publicado ya una novela, Hay que sonreír,
y un conjunto de cuentos, Los heréticos), aquel
modo en ocasiones desconcertante de establecer contacto
con la cuestionable realidad, guía instintivamente
sus actitudes por momentos piadosas, y se manifiesta en
un aparente estado de dispersión o aprehensión
simultánea de las distintas formas de ser y perecer
de un mundo sorprendido en su faz más crítica.
Fin o resurrección, lo mismo da. No debemos descartar
la idea de que se trate de un mismo proceso en una novela
con hondas y oscuras raíces en el hombre y no en
sus eventuales historias. Ese hombre puede estar aquí
o en cualquier otra parte, atareado en la búsqueda
radical de sí mismo y también de su antípoda,
aun cuando para testimoniar su desesperanzada permanencia
en el infierno que presupone tal aventura, Luisa Valenzuela
haya optado por localizarlo en Nueva York. Pero más
que en Nueva York, en Greenwich Village. Aquí (recordamos
sus confesiones de hace unos meses en estas mismas páginas)
sintió "como si las pasiones se volvieran
táctiles: es como estar en el centro de toda la
electricidad del mundo". Más que de hechos
corresponde hablar de situaciones, y éstas aparecen
o reaparecen, al margen de convencionales cronologías
y de distintos escenarios: Buenos Aires, México,
etc.
Quizás El gato eficaz no se proponga redimir nada,
ni mucho menos presentar modelos de vida, sino más
bien alertar sobre cierta pérdida caótica
de la condición humana, apelando para ello a algunos
símbolos, particularmente los personajes felinos
que la autora introduce con evidente maestría,
y sus frecuentes alusiones a otros seres irracionales.
De ser así, toda la estructura de la novela, cuyos
límites escapan a nuestra capacidad de medición,
descansaría sobre el supuesto de un universo sometido
solamente a las leyes de la razón que impone, así,
un dominio aniquilador.
Se trata (obvio es aclararlo) de una simple hipótesis
pues si bien El gato eficaz deja al lector la iniciativa
de interpretarla libremente, muchas de sus claves se desvanecen
arrasadas por la originalidad misma de un texto poco hospitalario
en aquel sentido. Parecieran quedar en poder de la autora
que, a solas con su creación procura expresar en
un lenguaje desgarradoramente poético, al cual
no puede renunciar, lo que siente o presiente respecto
del amor y del odio, de la vida y de la muerte. Son, por
otra parte, algunos de sus temas, porque El gato eficaz
posee un registro más amplio; se afirma en lo inalcanzable
a veces, y se ilumina asido a un humor muy particular
de Luisa Valenzuela, y a una materia en frecuente trance
de mutación. (119 páginas).
Juan Cicco
El gato eficaz
Luisa Valenzuela
(Ediciones de la Flor- Buenos Aires)
El sitio donde transcurren los cubos que integran este
rompecabezas de Luisa Valenzuela puede ser la ciudad -Iowa,
Buenos Aires, otras- o incluso el infierno. Allí
donde todo se junta -o en el sueño-, donde todo
se persigue y se continúa es precisamente el lugar
en el que la autora de importantes novelas y cuentos -Aquí
pasan cosas raras, Cambio de armas, Cola de lagartija,
entre otras- ubica esta especie de gran pesadilla confesional,
en la cual los gatos de la muerte se pasean como dueños
del tiempo. Una prosa tersa, clara y repleta de oficio
e ironía, ayuda al lector a confundir las pistas.
Acaso quien habla huye, o persigue, o se esconde, o se
declara culpable de algo que es como la vida misma, un
remordimiento con empujones eróticos y confidencias
dolorosas también.
Aparecida la primera edición en México en
1972, esta segunda permite el conocimiento y el goce de
una de las personalidades más singulares de la
narrativa argentina. No existen en Luisa Valenzuela ni
convencionalismos ni normas, parte del buen narrar. Y
como a buen narrador, pocas palabras, una gran economía
rige estas páginas que son a veces una especie
de diario personal, otras una certeza procaz con algo
cálido como el erotismo y fríamente mortal.
Podría acaso también entenderse este texto
como un extenso poema hecho con irreverencia y desparpajo
según aclara la autora en el prólogo: "este
libro es mi texto de ruptura, una compuerta que quizás
nunca más llegó a desbordarse". Y explica
así Valenzuela la génesis de este animalejo:
"Estando la autora a la sazón en una pequeña
ciudad universitaria estadounidense, con una baca para
escritores, rodeada de un grupo especialísimo de
escritores, sobre todo latinoamericanos, le ocurrió
lo que no podría dejar de ocurrirle: se puso neurótica.
Era demasiada literatura y mucho hablar de la muerte...Y
la muerte se le encabritó ahí mismo y se
metió de cabeza a escribir interrumpiendo el sueño
propio y el ajeno, en el bar o en la confitería".
Así surge, pues, este tomo "que es un informe
perimido aun vigente y por eso lo acaricio con la lengua,
lo desarmo y rearmo en un rompecabezas como siempre sucede
con las cosas que a mí me suceden para que de una
u otra forma las posea, las dé a publicidad".
Nuestra literatura posee toda una línea -acaso
encabezada por Arlt y Cortázar- que abomina de
los empacamientos a los que nos acostumbró Mallea,
por ejemplo. Así, con una fluidez que parece sencilla
pero que está llena de dificultades expresa Valenzuela
su pensamiento, añadiendo la broma y lo cotidiano
como si de una letra de tango inscripta sin comillas o
de un diminutivo simpático pudiera surgir la ironía.
Confert: "Si me entreno bien en el análisis
los muertitos de aquellas latitudes me entregarán
sin duda los arcanos que busco".
Hay que decir asimismo que Valenzuela con desfachatez
-¿significa esto una negación de la fachada?-
tiene la fuerza de mostrar el mundo de la mujer por adentro
y que habla sin decir lo que se espera de ella como establece
el machismo que ya es parte, al cabo de los años,
de la naturaleza femenina aunque parezca paradójico.
Y cuando quiere divertirse, aconseja jugar al fornicón:
"Es éste un juego inventado por mí
para pasar bien el rato en compañía. Cualquiera
puede aprenderlo: es sencillo, no se desordena demasiado
la casa y distrae de las cotidianas preocupaciones. Se
juega mejor por parejas y resulta más fácil
si los componentes pertenecen a sexos lo suficientemente
diferenciados. Conviene, aunque no es imprescindible,
tener una cama a mano y jugar a media luz...Como no hay
vencedores ni vencidos, el fornicón casi nunca
crea altercados". En fin, se recomienda la lectura
de las páginas 70 a 72 con las reglas precisas
del juego, siempre útiles.
En la contratapa una fotografía de la autora, su
cara semivelada por una máscara que no es sino
un gato eficaz -el gato de metal anodizado con el que
se espanta a los gorriones y demás pájaros
dispuestos a devorar las semillas- y juicios críticos
de Fernando Curiel, Sharon Magnarelli y Nelly Martínez
contribuyen a la comunicatividad de un libro que invita
a jugar y a pensar.
Inés Malinow
La Gaceta
Tucumán, 29 de septiembre de 1991.
(faltan agregar imagenes publicaciones diarios)
Publicaciones
1 La semana de Bellas Artes, México DF.nº
164- 21 de enero de 1981
2 Excelsior, México, 11 de agosto de 1972
3 Diario de México, México, 30 de agosto
de 1972
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