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Como
en la guerra
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Como en la guerra de Luisa Valenzuela
Esta joven y ya consagrada escritora argentina que nos
tiene acostumbrados en sus obras al uso de un lenguaje
nada convencional, casi podríamos afirmar entrañablemente
intrincado, profundamente coloquial, nos ofrece con esta
nueva novela la posibilidad de transitar de su mano por
un sendero alucinado y alucinante. El protagonista, en
los tres escenarios elegidos: Barcelona, México
y Buenos Aires, sobrelleva un arduo itinerario en busca,
quizás, de su yo más recóndito, las
secuencias dramáticas se suceden sin interrupción,
casi diríamos en parto de avalancha. La anécdota
fluye, rica y apunta a una universalidad que sobrecoge.
El misterio no se diluye jamás: los interrogantes
quedan planteados frente a una infinita posibilidad de
respuestas. El estilo, reiteramos, singular, se afirma
en cada párrafo. Vaya éste como ejemplo:
"si el amor es un poco la muerte -una pequeña
muerte-, la muerte es puro amor, el gran orgasmo cósmico.
Todo esto se lo va diciendo en los breves momentos en
que tiene conciencia de la busca y entonces se pregunta
si será que la está buscando a ella o si
estará buscando su propia muerte a través
del amor. Ella tan viva, proteica, protoplasmática,
proclive, ¿no será también la muerte?
Porque sí, porque cambia, porque puede ser todas
y se convierte en todos. El también ha sido todos
y todas para ella y ahora sólo es esto: unas uñas
largas para hundir en la tierra y al escarbar a fondo
descubrir qué es lo que separa a los mortales.
El aire es como el agua, nos aísla, y la comunicación
se hace casi imposible porque los sonidos no atraviesan
las paredes del aire y entonces ¿qué? ¿cómo?
¿cuándo? ¿dónde?, y las otras
preguntas inútiles que tan sólo conciernen
a los vivos". Recapitulando: Como en la guerra es
un libro para releer, pues nunca se lo habrá explorado
lo bastante como para trascenderlo por completo. (Editorial
Sudamericana).
Inés Fornaso
La Capital 1978
Búsqueda, viaje y psicoanálisis
Como en la guerra de Luisa Valenzuela. Buenos Aires,
Editorial Sudamericana, 1977. 195 páginas.
Cinco libros en poco más de diez años señalan
la vertiginosa trayectoria de Luisa Valenzuela, instalada
-desde el primero al más reciente- en la búsqueda
de una identidad que siempre se homologa con el hombre
de este aquí y ahora, pero desde una perspectiva
en la que la anécdota no es otra cosa que un pretexto
para delinear un lenguaje preciso, protagónico.
Cuando aparecieron los cuentos agrupados bajo el título
de Los heréticos (Paidós, 1967), Juan Filloy,
el autor de Op ollop, le escribió: "Por favor
no toque su estilo. Es de una acuidad excepcional. Semejante
a una pelota nueva de goma, pica, salta, rebota con tanta
vivacidad que da gusto verlo actuar en los temas más
diversos". Filloy no se equivocaba al detectar ese
idioma, cuya aparente fragilidad resulta en Luisa Valenzuela
un aguzado instrumento a partir del cual ella planea hacia
distintos niveles de conocimiento.
Todo esto ya se había vislumbrado en su primera
novela (Hay que sonreír, Americalee, 1966), desarrollándose
luego en El gato eficaz (novela publicada por Joaquín
Mortíz en 1972, cuyo eje es un alucinante paseo
por el Village neoyorquino y en los cuentos de Aquí
pasan cosas raras (De la Flor, 1975), con la Argentina
lopezreguista como telón de fondo.
Como en la guerra es la última vuelta de tuerca
de Valenzuela en lo que se refiere a la búsqueda
de la identidad. Aquí hay un protagonismo cierto,
pero manejado con amplitud suficiente como para exceder
los términos de un solo individuo.
Un protagonista que busca algo y se busca, además,
en un plano exterior, físico, por callejuelas de
Barcelona, de Buenos Aires, de México. Pero también,
en otra dimensión, que supera los límites
que marca el cuerpo humano y va llegando al lector a través
de sucesivas invocaciones: sesiones psicoanalíticas
con una mujer a la que el protagonista acude disfrazado
de mujer; constantes recurrencias al mito (una saga precolombina;
la Difunta Correa).
A la manera de otras obras de la literatura universal,
Como en la guerra es la historia de un viaje. Pero aquí
se sugiere que el remate de un recorrido no es el punto
de llegada, y que un viaje se explica, en fin, sólo
en sí mismo.
Alfredo Andrés
La Opinión, 1977
(faltan
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