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VALENZUELA POR QUINCE
por
Silvia Hopenhayn - LA NACION - Miércoles 29 de julio de 2009
La escritura de Luisa Valenzuela corre por el cuerpo y se trasluce en las páginas. Tanto sus novelas ( Cola de lagartija , Como en la guerra y Los deseos oscuros y los otros ) como sus libros de cuentos y sus microrrelatos ( Cambio de armas , Aquí pasan cosas raras y Simetría ) parecen exhibir un secreto que las palabras mismas se empeñan en ocultar. El secreto de El placer rebelde (así se titula la antología publicada por el Fondo de Cultura, prologada por Guillermo Saavedra) y el del sufrimiento más acallado.
Valenzuela no le teme al secreto, y menos aún a la oscuridad. "Basta que se apague una luz -y a mi paso se apagan muchas luces- para que yo insista en seguir adelante con la esperanza de descubrir el recodo donde se agazapa el miedo."
Su mirada es curiosa. Le gusta desbaratar lo encubierto, así como desbrozar lo enmarañado.
Un nuevo libro apareció en España. Se trata de Tres por cinco (Editorial Páginas de Espuma). Reúne sus cuentos de curiosa manera: son cinco secciones, con tres cuentos cada una: "Borraduras", "Nuevos mundos", "Edad temprana", "Juegos" y "Desplazamientos". Cinco espacios narrativos por los que la autora transita habitualmente, dado que Valenzuela juega con lo que se borra y se desplaza en mundos nuevos. La frescura de su letra siempre parece surgir de una edad temprana.
Los cuentos "El poncho del diablo" y "Maceta" se ubican en esta zona, y en ellos aflora el deseo de escribir como un ímpetu vital, una forma de enlazar con las palabras, sostenida y sustanciosamente, el sentido huidizo de la vida.
Así, una flor manifiesta sus ganas de soltar raíces, como quien suelta amarras, para buscar su pétalo perdido, diciendo: "Faltas no me ganan". Y en vez de corregirse, como la gente suele hacer cuando tiene un lapsus o un equívoco, "faltas no me ganan" será la letra del estribillo de una canción.
En "Tiempo de retorno" (un tiempo que Valenzuela conoce, como frecuencia personal, de idas y vueltas, viajes y reclusiones), se nombra el exilio como forma de "dejarse seguir viviendo a la distancia". Y allí mismo expone lo inasimilable: "Volver, como arrancarse una máscara, nos devuelve al intangible efecto final de lo que somos".
En "La errante", podemos seguir la pista de la autora: "También yo me siento como un texto perdido, enredada como estoy entre tantos viajes".
Pero por suerte la literatura es patria portátil. "Se dice que no somos nadie si nuestro reflejo no figura en un cuento." En este sentido, es fácil, y desafiante, encontrar el reflejo de la realidad argentina en varios cuentos de Valenzuela. Un libro suyo se titula Realidad nacional desde la cama .
Igualmente, más que narrar lo ocurrido, sus textos responden a la ocurrencia.
El efecto de su escritura -a veces violenta, otras juguetona- invita a participar en una trama que parece gestarse en el momento de la lectura. |
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