Mi doble es en realidad la simple. La simple proyección
de lo que quisiera o quise ser y también (¿por
qué no?) soy. Más allá de los sueños
de niña de convertirme en reina o campeona de
algún deporte de riesgo o heroína autosalvada
de las aguas o algo por el estilo, los demás
sueños más precisos y afines bien o mal
se han hecho realidad a lo largo de la vida y coexisten
de manera no siempre pacífica con la propia escritura.
Eso de bueno tiene la ficción: nos permite meternos
en todos los pellejos.
La protagonista de mi más reciente novela es
antropóloga. Se ve que esa sería una síntesis
de otras pasiones menos digamos prácticas. Como
ser exploradora o detective, o piloto de prueba o científica.
Todas posibilidades que me fueron pasando por la cabeza,
siendo lo de científica lo más coherente
y persistente. Físico matemáticas quería
estudiar yo al completar el secundario, y me temo que
habría sido bastante buena en semejante disciplina
porque comprensión de las complejidades abstractas
no me faltaba. Entonces. Ahora nada que ver, aunque
me llena de una euforia especial leer textos especializados
de los que entiendo, con suerte, una décima parte.
Nunca quise ser psicoanalista aunque leer sobre el tema
también me estimula y me desata la imaginación
ya bastante desatada de suyo, pero una cosa son las
lecturas y otra las construcciones fantasmáticas,
como bien aprendí con las susodichas lecturas.
Pintora sí, oh sí que debí haber
sido, de haber tenido un ápice de talento. Me
encantaría vivir rodeada de formas y colores
y de olor a trementina que no es nada tremendo como
su nombre parecería indicar. Por eso mismo acepté
ser escritora, porque son las palabras las que se me
dan porque sí, espontáneamente, y me abren
un mundo de formas y colores y rituales y máscaras
y es en ellas donde puedo hasta ser la shamana de la
tribu, mi doble.
Convive en mí una mujer independiente a ultranza,
indisciplinada, francotiradora, omnívora, desmigajada.
Por eso mi doble y yo: un solo corazón, como
hermanitas siamesas. Y también mi triple y mi
cuádruple y mi enésimapotencia. ¿por
qué habría de limitarme a dos, y sólo
dos, como quien baila el tango?
Marzo de 2001