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Gwendolyn Díaz: Postmodernismo
y teoría del caos en Cola de lagartija de Luisa Valenzuela.
"Postmodernismo y teoría del caos en Cola
de lagartija de Luisa Valenzuela"
Gwendolyn Díaz, Ph.D.
Saint Mary's University
1 Camino Santa María, San Antonio, TX
La desintegración de sistemas, la ambigüedad
semántica, la desconstrucción en múltiples
facetas, la multiplicidad de centros y el cambio perpetuo,
son valores que caracterizan tanto al concepto del postmodernismo
como a la reciente teoría del caos. La obra novelística
de Luisa Valenzuela, compatriota y heredera del genio
literario innovador de Borges y de Cortázar,
no sólo incorpora y refleja las corrientes teóricas
del momento postmoderno, sino que se convierte en un
laboratorio de experimentación narrativa donde
colaboramos en una evaluación formal, estructural
y lingüística, a la par de la búsqueda
de identidad personal, social y política del
contemporáneas. Aquí se trabajará
un análisis de su novela Cola de lagartija, (1983)
que presenta una multiplicidad de temas, técnicas
y estructuras que reflejan la visión postmoderna
dentro de la literatura. Se considerarán primero
algunos aspectos del fenómeno cultural denominado
postmodernismo y se demostrará su relación
con la reciente teoría del caos, que ha trascendido
los límites de la ciencia influenciando el pensamiento
humanístico y filosófico actuales. Se
pondrá énfasis principalmente en la naturaleza
del tiempo, del espacio y del lenguaje.
En la introducción de su libro The Postmodern
Condition: A Report on Knowledge, el filósofo
francés Jean François Lyotard, usa por
primera vez el término postmodernismo para referirse
a un fenómeno cultural que nace de la época
moderna, pero parte de ella en que ya no promulga una
visión arbitraria y particular de la realidad,
ni tampoco se apoya en los dogmas ideológicos
que manipulan el conocimiento para ejercer control,
sino que da lugar a una multiplicidad de perspectivas
sobre la realidad (xxiii). El postmoderismo surge a
raíz de una serie de descubrimientos científicos
y técnicos que han cambiado la forma en que concebimos
al universo; como por ejemplo: la relativización
del tiempo y del espacio que explica Einstein, la relativización
de los fenómenos naturales que demuestran ser
fluctuantes y no constantes, la invención de
la inteligencia artificial, la tecnología moderna
del FAX y el "E mail" y los sofisticados medios
de comunicación que permiten borrar las barreras
del tiempo y del espacio. En el mundo postmoderno las
categorías formales absolutistas pierden vigencia.
Es el mundo del momento, de lo relativo, de la irregularidad,
del detalle y de la particularidad (81). De acuerdo
a Lyotard, la obra del artista postmodernista no está
regida por reglas estéticas preestablecidas y
no puede ser juzgada de acuerdo a un juicio particular
que aplica categorías formales tradicionales,
sino que el artista postmodernista va más allá
de las reglas para crear nuevas dimensiones del arte
(81).
El cuestionamiento que surge a raíz de lo postmoderno
es básico y radical. En su libro Sequel to History:
Postmodernism and the Crisis of Representational Time,
Elizabeth Ermarth explica que la cultura occidental
ha estado regida por la idea del tiempo histórico
según se lo concibe en la filosofía clásica
y se promueve en el Renacimiento y la Reforma. Tal idea
concibe al tiempo como una secuencia lineal de acontecimientos
y supone que tales pueden ser representados y explicados
lógicamente en una relación de causa y
efecto (1921). Esta idea del tiempo histórico
determina la perspectiva occidental que ha existido
desde el Renacimiento hasta la primera parte del siglo
XX. Sin embargo tal punto de vista está sufriendo
una seria revisión y se han puesto en tela de
juicio los conceptos que lo motivan; es decir: la obsesión
con el poder y el control, la ética del ganar,
la visión dualista y reduccionista del mundo
(bueno/malo, triunfador/perdedor, maestro/esclavo, etc.),
la fe en poder reducir la compleja realidad a un valor
numérico, la concepción lineal y limitadora
del tiempo y del sujeto y el sistema de valores basados
en el poder y la acumulación de dinero. Con el
advenimiento de la computadora, el progreso de ciencias
como la termodinámica, la geometría de
fracciones, y la mecánica del quantum, se comienza
a cuestionar la naturaleza estable, secuencial y lógica
del universo. La relación causal entre causa
y efecto se reexamina a la luz del nuevo conocimiento
científico para concluir que en todo sistema
aparecen factores que crean irregularidades, que estas
irregularidades no se pueden anticipar y que cambian
el producto del sistema. A estos factores se les ha
llamado turbulencia, margen de error, o excepción
que confirma la regla. Ermarth, considera que Einstein
ha sido fundamental en la revalorización del
tiempo. Con Einstein el tiempo ya no es un absoluto,
tanto el tiempo y el espacio son relativos, como demuestra
en su Teoría General de la Relatividad (8). Si
el tiempo y el espacio no son constantes, tampoco lo
es todo lo que depende de ellos. Esta relativización
de dos elementos básicos de la existencia del
ser humano, llevan, por extensión, a la relativización
de todo lo que se considera esencial. Las cosas pierden
su naturaleza dada y estable; el ser humano ya no puede
concebirse como un ser de inteligencia suprema que ordena
y controla el mundo natural porque el mundo natural
no tiene reglas estables. Todas las reglas están
sujetas al error, la turbulencia, y la relatividad del
momento. Ermarth comenta que la narrativa postmoderna
explora ciertas reformas conceptuales que se han explorado
ya en la física, la filosofía y el arte
de nuestro tiempo. La narrativa postmoderna redefine
al tiempo como una función de posición,
como una dimensión de acontecimientos particulares.
Además, posición y acontecimiento son
descriptos en términos del lenguaje. Es decir,
el lenguaje se une a la temporalidad y al momento para
subvertir la concepción tradicional del la evolución
histórica y el tiempo secuencial. El lenguaje
narrativo postmoderno demuestra la falibilidad del tiempo
histórico y lo sustituye con una nueva construcción
temporal que pone énfasis en el lenguaje como
aproximación al significado y no como representación
del significado (1112). El discurso feminista ha demostrado
que el lenguaje no es un sistema linguístico
que representa la realidad tal cual es, sino que es
una construcción social que refleja un punto
de vista particular, el punto de vista dominante. Correlativamente,
el discurso histórico con su noción absolutista
del tiempo y la verdad, refleja sólo la versión
dominante e ignora o escatima el discurso de las minorías.
El deseo humano de orden es explicable. Queremos poder
controlar, anticipar y dirigir nuestras vidas. Sin embargo
esa meta siempre se nos escapa. La teoría del
caos, también un producto de lo nuevos descubrimientos
científicos, ofrece razones por las cuales el
ser humano no ha logrado ni nunca logrará controlar
por completo su ser y su medio ambiente. Esta teoría
surge al reconsiderar el concepto de la entropía.
En la ciencia de la termodinámica, la entropía
es una medida de la cantidad de calor que se pierde
o se escapa en todo sistema donde hay un intercambio
de calor. Es decir, si hervimos agua, hay cierta cantidad
de calor que se escapa y que no se puede medir. Por
extensión, la entropía representa la irregularidad,
lo que se escapa del sistema, lo que no se puede calcular
pero que sin embargo es importante. La teoría
del caos pone atención en la irregularidad y
en ese factor que no se puede predecir. A diferencia
del discurso histórico y racional, explica que
el universo, tanto a nivel microscópico como
macroscópico, fluctúa entre el orden y
el caos y que ambos son interdependientes. Ya no se
ve al mundo como una sistema ordenado y constante, sino
como un sistema cambiante y finito. La naturaleza de
las cosas tampoco es dada sino que se pone atención
en las excepciones, la entropía, la turbulencia,
lo que se escapa del orden y que cambia todo el proceso,
a su vez generando el desorden o caos. Al darnos cuenta
que pequeñas causas pueden llevar a efectos grandes
(la entropía llevará un día al
enfriamiento del globo terráqueo y al fin de
la vida terrestre), ya no podemos generalizar sobre
la naturaleza constante del universo, ni del ser humano
ni de los sistemas que lo gobiernan poque comprendemos
que son construcciones sociales.
La idea del caos data desde los mitos babilónicos
de creación donde vemos que existe un monstruo
que se llama Tiamat que es la personificación
del caos primordial. Las narrativas bíblicas
explican que el caos es lo que existió antes
de que se creara el mundo y el universo. En el libro
bíblico de Génesis vemos que en el principio
sólo hay desorden y tinieblas y Dios ordena con
su palabra que se separe la luz de las tinieblas y comienza
el proceso de la creación y el ordenamiento.
Es significativo que el medio que usa para la creación
sea la palabra o verbo o logos. Aquí la palabra
divina tiene el poder de ordenar al caos. O sea que
desde tiempos antiguos se alude a la interdependencia
entre el caos y el orden y se le asigna a la palabra
(el discurso, la retórica) el poder de crear
orden. Pareciera que estas teorías presentaran
una visión pesimista de las posibilidades del
ser humano de informarse y comprender su universo. Sin
embargo no es así. Mientras el postmodernismo
pone énfasis en la pluralidad de la experiencia
la teoría del caos abre las puertas a un nuevo
orden y a la posibilidad de acercarnos mejor al fenómeno
universal. Ilya Prigogine, que recibió el premio
Nobel por su trabajo en termodinámica, descubrió
que dentro de un sistema caótico se pueden encontrar
escondidas en su profundidad, estructuras de orden.
En su libro Order out of Chaos: Man's New Dialogue with
Nature (1984) Prigogine explica que el caos contiene
al orden y el orden contiene al caos y ambos se autogeneran.
Katherine Hayles en Chaos Bound: Orderly Disorder in
Contemporary Literature and Science comenta que inicialmente
se concibe al caos como la materia de la cual Dios crea
al universo y no es hasta mucho más tarde que
se ve al caos como el antagonista del orden (1921).
Tal punto de vista opositorio es útil para quienes
quieren sostener que sólo ellos poseen la verdad
y el orden y lo que se opone a su punto de vista es
sólo caos y carece de significado (Hayles 16).
Al considerar que el caos contiene al orden, vemos que
el caos tiene significado, no es un antagonista sino
una forma de entendimiento. Durante las dos guerras
mundiales, el orden viene a representar la estabilidad,
y lo predecible, pero por otra parte también
implica el orden militar, el orden establecido por un
grupo en poder y por ende la opresión de los
que se oponen a tal punto de vista. Los humanistas valoran
la teoría del caos porque denuncia la coerción
y la sujeción implícitas en las ideologías
que controlan el mundo. Los científicos valoran
al caos porque muestra que contiene, en efecto, un orden
más complejo y más verdadero, y al estudiarlo
existe la posibilidad de acercarnos mejor al orden real
de los fenómenos (Hayles 16). El descubrimiento
de Prigogine de que el caos contiene orden es importante
tanto para la ciencia como para las humanidades, porque
de acuerdo a Prigogine, vemos que ser o existir es devenir,
es un proceso que cambia continuamente y por ende, no
podemos generalizar sobre la naturaleza del ser, a no
ser que estemos dispuestos a considerar que hay entropía,
hay irregularidad y hay cambio.
El libro de Hayles es significativo porque demuestra
que los preceptos científicos que subyacen en
la teoría del caos tienen su correlación
en el campo de las humanidades. En Chaos Bound vemos
la relación entre las teorías científicas
y la ideología, y se desarrolla el efecto que
los descubrimientos científicos han tenido en
el campo de la literatura y de las humanidades en general.
Hayles ubica a la teoría del caos dentro de la
narrativa del postmodernismo al considerar que el postmodernismo
es un proceso continuo de desnaturalización,
es decir, muestra que los conceptos básicos que
han sido vistos como naturales, ya sea el tiempo, el
espacio, o lenguaje son, en efecto, construcciones sociales
y por ende no poseen una esencia dada . También
sugiere que la escritura es una forma de turbulencia,
o más bien que genera la turbulencia; la curva
de la escritura se asocia con la turbulencia del caos
(24). Esto implica que según la visión
postmoderna del caos, la escritura, el lenguaje y la
narrativa reflejan el intercambio entre el orden y el
caos que caracterizan nuestra existencia. La escritura
intenta poner orden, pero siempre hay cierta parte del
significado que se le escapa, que no logra comunicar,
y allí radica la semilla del caos, el "object
'a' de Jacques Lacan 1, la multiplicidad de interpretaciones
y la pluralidad de efectos.
Un ejemplo de como estas ideas surgen en el ambiente
artístico se ve en la novela Cola de lagartija
donde Luisa Valenzuela se vale de estructuras narrativas
excepcionales e innovadoras que reflejan al trasluz
tres conceptos básicos de la teoría postmoderna
y del caos: la disgregación del espacio y del
ser humano, la desconstrucción del lenguaje,
que ya no es visto como representativo sino como connotativo
(diferencia importante ya que implica que la palabra
contiene múltiples connotaciones), y, también,
el cuestionamiento de la naturaleza del tiempo. En Cola
de lagartija vemos como la autora usa el humor negro
para presentar un retrato de un personaje desnaturalizado
y esperpéntico. 2 Se trata de López Rega,
el asesor principal de Juan Perón y su sucesora
Isabel Perón en los años setenta, y, el
creador de la AAA ( Asociación Anticomunista
Argentina), o mecanismo oficial de represión
y tortura. Ironicamente, López Rega ocupó
el puesto de Ministro de Bienestar Social de la Argentina.
Basándose parte en la realidad y parte en la
ficción, Valenzuela crea un personaje monstruoso
que se asemeja poco a lo que tradicionalmente se considera
un ser humano. Esta mezcla entre la realidad y la ficción
es una característica de la narración
postmoderna que rebasa las categorías tradicionales
que separan lo real de lo imaginado. López Rega,
conocido también como el brujo, por su práctica
de la magia negra, la macumba y la brujería (sobre
la cual escribió un libro), fue un rasputín
siniestro que llevó a cabo gran parte de la represión
y la violencia que marcaron la época de la guerra
sucia o "Dirty War" como se denomina a esa
dictadura militar en Estados Unidos. Cabe mencionar
que en la Argentina se sigue refiriendo a ese período
con el término de proceso militar, lo cual se
refiere al "proceso militar de reorganización",
rúbrica que da la dictadura militar a las medidas
de violencia que toma para afianzar su poder (esta denominación
eufemística es un ejemplo de la manipulación
del lenguaje por el sistema dominante). En la novela,
el brujo no es ni hembra ni macho, teniendo cualidades
hermafroditas, se distingue por encarnar las atrocidades
más imaginativas de ambos sexos. Su único
centro es el culto a la violencia y su ambición
megalomaníaca. Vemos la formación del
Brujo desde su niñez extraña hasta su
fin. Somos testigos de un narcisismo perverso, la obsesión
con el poder, el sadismo en el cual se deleita, el gusto
por el horror, la tortura y el terror, en suma, presenciamos
la degradación del ser humano en sus posibilidades
más abyectas y crueles. Paralelamente a su disposición
psíquica, su físico también es
monstruoso. Posee tres testículos. Considera
que el tercero es su hermana y su intensión es
de inseminarla, o sea intenta auto inseminarse para
dar a luz un hijo de sí mismo: "hijo de
Dios que sea Dios, puro y radiante", lo cual considera
posible porque se cree un ser con poderes divinos. El
brujo alude a una profecía que dice que correrá
un río de sangre y luego vendrán veinte
años de paz. Pero nos dice que su intención
es de cercenar esa vieja profecía, suprimir lo
de la paz y proliferar el río de sangre "al
compás de sus propios instrumentos" (9)
los de la tortura.
Ya avanzando en la narración testimoniamos un
episodio transexual en el que el Brujo se ha inyectado
hormonas femeninas para adquirir la facultad de concebir,
y así dar a luz al fruto de su ser hermafrodítico
y supuestamente autosuficiente. Por medio de las hormonas
y los rituales de magia que se aplica, el brujo aumenta
de volumen y se va convirtiendo en un ser inmenso y
delirante. Y en un toque magistral de humor negro, el
grotesco personaje estalla en forma de explosión.
Los despojos del personaje reventado se van desangrando
en un hilo finito de sangre que avanza hacia la capital
argentina. Los habitantes de la capital comentan que
por fin se ha materializado el célebre río
de sangre, y que le seguirán los veinte años
de paz. Pero un observador porteño, que expresa
la actitud cínica del argentino hacia el gobierno,
comenta que si ese es el río de sangre, "lo
que seguirá serán sólo veinte minutitos
de paz "(302). Tal concepción de personaje,
traza una figura postmodernista, basada en una persona
real, pero carente de los referentes naturales tradicionalmente
adjudicados al ser humano. Su sexo es indefinido, es
ambos sexos, o ninguno o un tercero hermafrodita, es
humano y supuestamente divino a la vez y es la encarnación
de todos los defectos de la raza, careciendo del más
mínimo valor humano. Este personaje es ilustrativo
de la desintegración de los valores que tradicionalmente
se le han atribuido al ser humano. Se concluye, que
valiéndose de los mecanismos gubernamentales
y políticos del momento, este oportunista establece
su propia versión del orden, el orden del terror
y del sadismo. El sujeto manipula el sistema o el orden
establecido para fines destructivos y allí surge
la turbulencia y se crea el desequilibrio que lleva
al caos. Este caos da lugar a la desconstrucción
del personaje y su desintegración en un hilito
de sangre. Pero todo caos incluye en el seno de su estructura
la semilla de un nuevo orden. Lo que le sigue al hilito
de sangre es la posibilidad de paz. Sin embargo este
final que podría ofrecer un desenlace pacífico
y ordenado no lo hace. Sino que uno de los espectadores
del final dice que no habrá paz porque "Las
tiranías ya no vienen como antes. Ahora tienen
piezas de repuesto. Un presidente cae, y otro ya está
listo para reemplazarlo. Generales no nos faltan"
(302). 3 La idea es que hasta que no cambiemos radicalmente
de perspectiva, mientras que no aceptemos al caos como
un fenómeno significativo en la estructuración
de la realidad, no habrá evolución sino
sustitución, y, los paradigmas totalitarios se
repetirán.
Esta novela es rica también en experimentación
con el lenguaje y la estructura de la narración.
Como vimos recién con el brujo, los límites
entre personaje ficticio y persona real se borran, característica
del arte postmoderno. También sucede que uno
de los personajes de esta novela es la autora misma,
Luisa Valenzuela. Al comenzar la sección dos
leemos:
Yo, Luisa Valenzuela, juro por la presente intentar
hacer algo, meterme en lo posible, entrar de cabeza
consciente de lo poco que se puede hacer en todo esto
pero con ganas de manejar al menos un hilito y asumir
la responsabilidad de la historia. (139)
La autora se inserta como personaje y habla de la creación
literaria que está llevando a cabo. Se subraya
así la importancia del lenguaje y la escritura
en la configuración de lo narrado. Valenzuela,
escritora, creadora y personaje de ficción transgrede
los límites entre la realidad y la ficción
y sugiere que si la realidad afecta a la ficción,
la ficción también puede afectar a la
realidad. Lo que esto demuestra es que el lenguaje es
un instrumento poderoso que puede dar forma a la realidad.
Descontenta con su personaje monstruoso, Luisa, autora
y personaje, toma la palabra, se la quita al brujo,
y comienza a narrar tomando las riendas del poder generador
del lenguaje. Al terminar la parte dos Luisa decide
abandonar la pluma, deja de escribir: "borrándome
del mapa pretendo borrarte a vos. Sin mi biografía
es como si no tuvieras vida. Chau brujo, felice morte
" (246). El poder de la palabra es tal que puede
generar un monstruo y luego destruirlo, generar un orden
y luego destruirlo. Al hacer su mutis de la narración
la autora intenta quitarle también la palabra
al brujo, y sin palabra, su retórica de la violencia
y la opresión también desvanecerá.
Notemos aquí que el brujo de novela tiene seis
dedos y que el número seis se asocia con la marca
de la condena apocalíptica. Además, el
brujo alude al séptimo sello del Apocalipsis.
Al abrirse el séptimo sello lo que sobreviene
es el silencio total. Correlativamente, si no se da
lugar al discurso de la opresión, ese discurso
perderá su fuerza y terminará en el silencio.
Tal perspectiva sugiere que el lenguaje está
unido al tiempo y al momento y al negar el momento a
la retórica de la opresión, esa y no podrá
existir.
En la tercera y última parte de la novela comienza
la desintegración mental y física del
brujo y concluye con el estallido en que revienta. La
escritura, el lenguaje, crea al monstruo, lo establece
como ser supremo del orden del horror. Pero al quitársele
la palabra se va desconstruyendo hasta que por fin no
queda más que un hilito de sangre. Pero al caos
que representa el brujo se le opone otro orden. La novela
menciona otro hilito diferente. Es el hilito al cual
se refiere el personaje de Luisa en la parte dos, cuando
se introduce a la narración diciendo que tiene
ganas de "manejar al menos un hilito, y asumir
la responsabilidad de la historia" (139). El hilito
que maneja es el hilo de la narración que va
tejiendo, el hilo que como la tinta de la pluma va creando
la palabra para dar voz a su historia. Al comenzar la
primera parte de la novela, hay una página que
se titula "Advertencia". Aquí se nos
advierte que se le dará la palabra al brujo para
ver si "se logra entender algo de todo este horror"
(7). Será un proyecto peligroso, dice, porque
se usará la sangre, instrumento que usan ellos
para la represión. Pero para defenderse de la
sangre, instrumento del terror, se usará la letra
(7). El hilito que maneja la autora es la letra, la
palabra. Con ella recrea la realidad y establece un
nuevo orden. Al formularse esta narración que
se conjugará con el tiempo del lector que lee
las palabras impresas, será expuesto el mecanismo
opresor y el discurso totalitario para dar la voz a
una multiplicidad de discursos y a la posibilidad de
un orden más humano.
Junto al tratamiento original del personaje, el lenguaje
y la narración, Valenzuela construye el espacio
narrativo de la novela a base de una yuxtaposición
de fragmentos discursivos que representan distintas
facetas de la sociedad argentina. Está el discurso
del brujo megalomaníaco y el de la autora personaje.
A ellos se suman una variedad de voces que aparecen
entremezcladas en la narración. Está el
discurso del pueblo argentino, que se pregunta cómo
un país tan culto, trabajador y pacífico
puede estar regido por un gobierno fascista; el discurso
del gobierno tiránico que ejecuta la represión
bajo guisas de una benévola reorganización
nacional; el discurso de una elite literata que intenta
psicoanalizar la situación, el discurso de los
intelectuales que descifran los hechos con aproximaciones
semióticas, el discurso de los activistas que
se enfrentan contra el mecanismo opresor, el discurso
del pueblo de Capivarí, o sea la voz de la provincia,
y, el discurso de los peronistas fanáticos que
ofrecen culto al cuerpo de Evita. Este collage de perspectivas
crea el efecto de una Argentina fragmentada y fraccionada.
Las rupturas del espacio novelesco ilustran las divisiones
de un país ni organizado ni reorganizado pero
sí en el proceso del caos.
Finalmente llegamos al cuestionamiento de la concepción
tradicional del tiempo. Como podemos ver, esta novela
no está construida como una serie secuencial
de acontecimientos, no es una narración lineal
sino que se crea el efecto de momentos coetáneos
donde se yuxtaponen varios puntos de vista y se entrecruzan
diversos sucesos. La narración da la impresión
de entretejer momentos como si fuera un tapiz tridimensional
de la experiencia humana. La metáfora de la flecha
del tiempo cede a la del tiempoespacio tridimensional,
donde tiempo y espacio se unen para formar la autenticidad
de la experiencia humana. El efecto creado es de simultaneidad
y no de linearidad, otra característica de la
visión postmoderna. El cuestionamiento de la
lógica secuencial se ve también en el
juego de palabras que hace la autora al titular cada
una de las tres partes de su novela. La primera parte
se llama no "Uno" sino "El uno",
por su referencia al brujo que se cree único
como un ser divino. La segunda parte se denomina "D*OS",
con un asterisco y un espacio entre la 'd' y la 'o'
, donde podría inscribirse una 'i', connotando
el poder creativo de la escritora, del lenguaje, y de
la palabra que puede crear y destruir como lo hace al
final con el brujo. La tercera parte se llama ¿Tres?
con el tres entre signos de interrogación, lo
cual implica el cuestionamiento de la secuencia en sí.
Para concluir, Cola de lagartija es una novela que
presenta en forma
artística varios conceptos intrínsecos
a la visión postmoderna y de la teoría
del caos. El espacio y el ser humano que lo habita toman
características nuevas, más flexibles,
donde se borran los límites espaciales y corporales
comunes para recrearse en formas que desafían
lo que tradicionalmente se ha considerado natural. Este
concepto lo maneja detalladamente Hayles al referirse
a la desnaturalización de la experiencia humana
(265295).
El lenguaje en la novela es visto como una aproximación
al significado y no como una representación mimética
de lo real. La narración ilustra la multiplicidad
de voces y perspectivas y lo temporal es la experiencia
en sí y no una organización premeditada
de un punto de vista particular. Vemos que tanto el
arte como la ciencia y la filosofía del momento
actual parecen decirnos las mismas cosas. Nos dicen
que nuestro tiempo no es eterno, sino finito; que el
espacio es cambiante, que nuestro ser es complejo, y
que no podemos reducir la naturaleza a las reglas y
dogmas del ser humano, sino más bien que el ser
humano debe percibir que dentro del caos en que habita
hay un orden que va más allá de las normas
convencionales, un orden que hasta ahora se nos ha escapado
pero que tal vez ya sea el momento de apreciar.
Notas
1 Jacques Lacan explica que el sujeto tiene una división
radical en su ser que se distingue en el lenguaje, donde
nunca se puede captar el significado completo de una
cadena de significantes, puesto que siempre hay una
parte del significado que se escapa. Lacan denomina
a esto que se escapa al significado el "object
'a' y es reminiscente al concepto de la entropía.
Véase Ecrits. (1966) de Jacques Lacan para más
información sobre el "object 'a' ".
2 Cola de lagartija es una referencia a un látigo
finito que se usa en la provincia argentina de Corrientes,
hecho de cola de lagarto.
3 La idea de que las tiranías tienen piezas
de repuesto coincide con el título de la novela,
pues según la cultura popular, si se le corta
la cola al lagarto ésta le vuelve a crecer. Como
el lagarto, las tiranías también tienen
piezas de repuesto y pueden volver a crecer.
Obras Citadas
Ermarth, Elizabeth Deeds. Sequel to History: Postmodernism
and the Crisis
of Representational Time. Princeton: Princeton UP, 1992.
Hayles, Katherine. Chaos Bound: Orderly Disorder in
Contemporary Literature
and Science. Ithaca: Cornell UP, 1990.
Lyotard, Jean François. The Postmodern Condition:
A Report on Knowledge.
Trans. Geoff Bennington and Brian Massumi. Minneapolis:
Minnesota UP,
1979.
Prigogine, Ilia, and Isabelle Stengers. Order out of
Chaos: Man's New Dialogue With Nature. New York: Bantam,
1984.
Valenzuela, Luisa. Cola de lagartija. Buenos Aires:
Bruguera,1983.