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Sandra Bianchi:
Los textos BREVS de Luisa Valenzuela
PRIMER ENCUENTRO NACIONAL DE MICROFICCIÓN
Los textos brevs de Luisa Valenzuela
Por Sandra Bianchi
Un cuento, en última instancia, se mueve en ese
plano del hombre donde la vida y la expresión
escrita de esa vida libran una batalla fraterna, si
se me permite el término; y el resultado de esa
batalla es el cuento mismo, una síntesis viviente
a la vez que una vida sintetizada, algo así como
un temblor de agua dentro de un cristal, una fugacidad
en una permanencia. Julio Cortázar. Algunos aspectos
del cuento.
Travesía hacia el microrrelato
Hace unos años, con motivo de la publicación
de Cuentos completos y uno más (1999), hice una
larga entrevista a Luisa Valenzuela, en la que repasamos
sus reflexiones y tarea como cuentista. En esa ocasión
también indagué acerca de sus ficciones
breves, presentes en el volumen, especialmente bajo
los títulos Libro que no muerde (1980), Aquí
pasan cosas raras (1976) y Los heréticos (1967).
A mi pregunta de entonces ¿Qué se
dice en un microcuento que no se dice en un cuento?
Luisa Valenzuela respondía: Se dice la
posibilidad de que no se necesitan muchas palabras para
decir muchas cosas. Pero yo no lo exploro como género,
de golpe sale alguno. Muchos ni siquiera fueron escritos
con la intención de ser publicados. En el `79
yo decidí irme por bastante tiempo, entonces
tomé los cuadernos- en una época escribía
en cuadernos mis ideas- y saqué lo que me parecía
valioso. Me encontré con estos microcuentos,
que había escrito como ideas divertidas pero
no los había visto juntos, estaban en el medio
del fárrago de otras historias, de comienzos
de cuentos que no iban a ninguna parte, y los rescaté.
Están muy trabajados con el lenguaje, que dice
tanto más de lo que uno se da cuenta a simple
vista o a simple oído El microcuento te permite
explorar, hacer juegos sutiles de palabras, te da todo
un pequeño universo en unos segundos, en un minuto
de lectura.
La respuesta ofrece dos datos interesantes: la naturalidad
con la que irrumpe el género en el marco integral
de su obra y el acto de descubrimiento, lectura y selección
que Valenzuela hizo de esas formas breves, que coexistían
en sus cuadernos con otras más extensas e instituidas.
Ambas menciones se corroboran, en estilo confesional
en Escritura y Secreto (2001): Puedo ahora confesar
que mis primeras incursiones en el género, mucho
antes de saber que eso era o podía ser considerado
un género, surgieron a raíz del exilio
voluntario Las palabras que continúan esta
cita, relatan el episodio de los cuadernos, previo de
su partida de la Argentina de esos años.
Fue esa una instancia de escribir con el cuerpo,
noción que se desliza en sus ficciones en forma
explícita o implícita y reaparece con
frecuencia en su discurso. De compleja conceptualización
y con variados matices, Valenzuela los ilustra en Peligrosas
palabras, con el relato de algunas experiencias personales,
en las que el miedo se hizo cuerpo y la escritura lo
asume en un acto que simbólicamente lo conjura.
Con respecto a una paradigmática noche de 1977
expresa Al escribir con el cuerpo también
se trabaja con palabras, a veces formuladas mentalmente,
otras apenas sugeridas. Es un estar comprometida de
lleno en un acto que es en esencia un acto literario
. Respecto del proceso de elaboración de Aquí
pasan cosas raras (1975) comenta Al escribir en
público [en los bares de Buenos Aires] estaba
consciente de poner el cuerpo en juego, sentía
que mi cuerpo estaba involucrado directamente en la
escritura y sabía lo que me podía acarrear.
Descubrí así lo que podríamos llamar
la escritura política en el sentido
más profundo. Es un intento de desatar hasta
el más imperceptible, el más diminuto
de los nudos con los cuales se estaba tejiendo a nuestro
alrededor una red de dominación (
) Donde
pongo la palabra pongo mi cuerpo, lo supe entonces sin
saberlo del todo.
Sin saberlo entonces, frente a sus cuadernos estaba
poniendo el cuerpo, en un acto que devino palabra.
En 2001 es invitada a pronunciar una Conferencia magistral,
seguida del dictado de un Taller de escritura, de tres
días de duración, por la Cátedra
Alfonso Reyes, del Instituto Tecnológico y de
Estudios Superiores de Monterrey, México. Aquellos
días, dedicados a nuevas reflexiones y práctica
sobre la escritura, encontraron su soporte material
en la publicación de Escritura y Secreto, concepción
sobre la escritura y la narrativa que desarrolla en
esas páginas, en las que otorga especial interés
al microrrelato- como decide llamar a este género
que, habiendo experimentado de una manera menos reflexiva,
ahora revisa y reposiciona en su obra. La segunda parte
de Escritura y Secreto, el Taller de escritura
breve, está dedicada a las técnicas
de escritura y especulaciones diversas sobre esta modalidad
textual.
Durante ese mismo año, Valenzuela también
publica Los deseos oscuros y los otros. Cuadernos de
New York (2001), un texto de compleja clasificación
genérica, que cierra su producción actual,
en términos de publicaciones inéditas,
pero la reabre, en términos de articulaciones
críticas pues permite trazar relaciones paradigmáticas
con todos sus textos. Entramado con una autobiografía
que juega a la ficción y/o viceversa, en clave
con una subyacente reflexión sobre la escritura,
su procedimiento constructivo consiste en una re- unión
de fragmentos diversos: narraciones de anécdotas,
sueños, relatos, poemas, reflexiones, entre los
que se encuentran, en sintonía con el hilo de
esta peculiar autobiografía, varios
de sus paradigmáticos microrrelatos. Reaparece
del motivo de la biblioteca y en la narración
instala la cadena nominativa destripar-desguazar-
vandalizar para referir sus acciones, que concluyen
con una consideración de saldo positivo (en tercera
persona) frente a estos hechos lamentables más
bien en este caso rescata unos fragmentos que más
tarde constituirán los microrrelatos de un volumen
titulado precisamente Libro que no muerde.
En 2004, finalmente publica BREVS, aquellos hallazgos
textuales que por primera vez aparecen reunidos, con
el subtítulo microrrelatos completos hasta
hoy. En la Introducción, Valenzuela
reflexiona sobre el género, refiere la génesis
del mismo en su obra (actualiza el episodio del ´79
) así como la de este nuevo libro, motivada por
una ocurrencia del escritor Leopoldo Brizuela, cuya
tarea de edición encaró la
misma autora. Tomando en cuenta algunas sugerencias
de su interlocutor, Valenzuela seleccionó los
textos, estableció un orden y eligió el
título de la compilación, según
comenta en las palabras preliminares.
Esta iniciativa, situada en un contexto tanto más
afortunado que el del ´79, repite ese gesto fundante
de lectura, selección y organización del
material textual. Su re-creación, su puesta en
libro, convierte a Luisa Valenzuela en antóloga
de sus microrrelatos y a la vez que da espesor a la
construcción de su poética de la brevedad.
Si la antología es uno de los formatos privilegiados
para prescribir, teorizar, difundir y dar visibilidad
a la microficción como género, la autora
opera el recorte necesario en su cuerpo textual, para
inaugurar este recorrido de lectura en su obra.
En la mencionada entrevista en ocasión de sus
Cuentos completos, Valenzuela reflexionaba
sobre la relevancia de una obra completa, Significa
poner las cosas en su lugar, (
) y contar la génesis
de algunos cuentos (
) cuando vi tantos textos
juntos
me provocó la sensación de
que hay una verdad en ellos. Siempre sostuve cierta
verdad y reconocimiento en los hechos fortuitos, que
cuando los juntás se convierten en un hecho literario
.
La compilación de los microrrelatos completos,
seguramente revela la verdad de un hecho literario canalizado
en BREVS, travesía emprendida desde un esencial
1979, en el hilo del lenguaje y el tiempo, en el illo
tempore de sus ficciones . Dice en su ensayo Peligrosas
palabras: El camino del no saber es un camino
hecho de lenguaje. El hilo del lenguaje me lleva por
zonas inesperadas que página a página
van cambiando de matices; el tono es esencial para la
narrativa, y también esencial para la respiración
exacta (
). Toda obra literaria de buena factura
artística es un hilo de Ariadna, sutilísimo
como baba del diablo, y quien la lea con los sentidos
afilados acabará por descubrirlo.
BREVS: modelo para armar
Si en todo género escrito el título funciona
como instrucción de lectura, muchos de los títulos
en la producción de Valenzuela, especialmente
los últimos, sugieren ineludibles vías
de puesta en sentido, orientados por los ejes de su
poética.
En el caso de BREVS, desde su grafía se convoca
al lenguaje como una presencia dinámica, lúdica,
atenta a los juegos significantes y a la pluralidad
del sentido. El título, BREVS. microrrelatos
completos hasta hoy, juega al orden/ transgresión:
mayúsculas y punto, seguido de minúscula,
que en este caso transgrede la norma gramatical, uno
de los tantos órdenes establecidos que aspiran
a invalidar los microrrelatos del repertorio . También
invita a poner en marcha uno de los mecanismos caracterizadores
de la microficción: la elisión y la reposición
a través de las hipótesis de lectura.
El significante brevspersigue el doble efecto
de convocar la participación y sostener la expectativa
del significado. La letra faltante supone breves,
pero no anula breviso brevas
por ejemplo, diversos sentidos que anticipan las opciones
disponibles. Desde el título Valenzuela indicaría
que Estamos haciendo piruetas (
) sobre la
célebre barra de los estructuralistas que separa
el significante del significado. El significado se desliza
por debajo de la barra y nosotros con él, patinamos,
nos dejamos llevar, percibimos la emoción del
riesgo pero como eximios equilibristas nos cuidamos
de no caer en el sinsentido, en la arbitrariedad, en
lo incomprensible , y convoca a su lector a participar
en la otra cara de la ficción, en la tarea lectora,
re-colectora de esas huellas invisibles, actualizables
en los hilos verbales que tensan su discurso.
Con la secuencia escritura/ lectura/ reescritura Valenzuela
ordena y ajusta- arma - sus textos-brevs: si se contempla
un recorrido de lectura progresiva desde el inicio al
fin del libro, una puesta en serie de textos que se
aglutinan por proximidad semántica parece organizarse.
De este modo, a medida que avanza la lectura, un conjunto
de cuatro o cinco microrrelatos contiguos -a veces solo
dos- se disponen en torno a un núcleo con rasgos
comunes. Como ejemplo, propongo un encadenamiento posible
que se registra con Palabras parcas, Abecedario,
El bebe del éter, Zoología
fantástica, 4 Príncipes 4
y Por su nombre.
Palabras parcas
Abelardo Arlistán, astuto abogado argentino,
asesor agudo, apuesto, ágil aerobista acicalado.
Atento. Amable. Amigo asiduo, afectuoso acechante. Ambicioso.
Amante ardiente, arrecho. Autoritario. Abrazos asfixiantes.
Asaltos amorosos arduos, anhelantes, ansiosos, asustados.
Aluvión apagado, artefacto ablandado, apocado.
Agravado. Altamente agresivo, al acecho, Abelardo Arlistán.
Arma al alcance, arremete artero, ataca arrabiado, asesina.
Atrapado. Absuelto: autodefensa. ¡Ay!
En Palabras parcasse trabaja con la enumeración
y acumulación de palabras cuyo juego sonoro de
ritmo y cadencia, apoyado en la aliteración,
distrae respecto de su significado. La omnipresencia
de la impronta lúdica en contrapunto con la ausencia
de conectores y verbos (que solo aparecen en el final
del relato) destaca a la palabra en sí misma,
su portación de significado.
Parcas palabras que son más que elocuentes en
una segunda lectura, que repone esos nexos elididos
y considera que el texto alude también a los
principios regulatorios de la lengua, e inevitablemente,
de la sociedad.
Acerca de la intensidad del lenguaje en el género
microficcional Valenzuela observa en el Taller
de escritura breve que es el principal protagonista,
sobre todo cuando queda al descubierto su capacidad
de contradicción o su potencial para develar
verdades que el emisor pretendió disfrazar u
ocultar. La ambigüedad semántica se presta
a variedad de combinatorias, unas más lúcidas
que otras.
Todos los microrrelatos que integran este módulo
se ocupan, con evidencia, de los juegos del significante,
de resignificar los lugares comunes del lenguaje y de
exigir al lector una participación activa para
completar los blancos que ofrece el texto. Por esta
última premisa se incluye en la serie 4
Príncipes 4, una tipología de hombres
de sangre azul en cuatro fragmentos narrativos.
En cada serie puede relevarse la iteración de
unidades lingüísticas (dos elementos que
pertenecen al mismo eje o campo semántico que
se destacan por su similitud o diferencia) que articulan
pluralidad de isotopías, tanto en el interior
de la serie en cuestión como en el conjunto del
corpus textual.
Tomemos por caso otra serie integrada por los microrrelatos
Hombre como granada, El estallido
y El amor y la guerra en los que las palabras
granada, bomba y bala respectivamente, funcionan como
conector de isotopía pues las tres abren el espacio
a otras lecturas de sentido diverso del usual, confrontando
visiones de mundo o sistema de valores. El primero,
precisamente pone en escena la condición polisémica
de la palabra granada, pues su búsqueda en el
diccionario por parte de la narradora es la que resuelve
el relato; bomba funciona como bisagra que
orienta tanto hacia el estallido de un artefacto explosivo
como del miedo o de los sentimientos; de la misma manera
que bala es también un gozne, que
descansando en su performance (su posibilidad de vuelo
y multiplicación), considera equivalentes al
amor y la guerra, desde un sugerente abordaje.
De este modo cada serie puede leerse como una zona de
condensación de sentidos, en su autonomía
de conjunto o en correlato con el resto. Valenzuela
pasa de un campo semántico a otro, los atraviesa
para borrar límites y neutralizar distancias
semánticas; también para des-figurar las
figuras construidas en las hipótesis lectoras
y llevar el texto hacia zonas nuevas, optimizando el
potencial que le ofrecen las palabras , pues según
su preceptiva la primera y quizá única
regla del microrrelato , aparte de su lógica
y antonomásica brevedad, consiste
en estar plena y absolutamente alerta al lenguaje, percibir
todo lo que las palabras NO dicen, lo que ocultan o
disfrazan. Es un ejercicio constante, se esté
o no escribiendo, que permite entre otras cosas detectar
las trampas que nos son tendidas a diario (¡y
desde los diarios!) por mediación de las palabras.
Las fronteras posibles que se demarcan entre grupos
de microrrelatos contiguos, enlazados por contacto semántico,
pueden considerarse provisorias. La riqueza de estos
micro-corpus no impide la interconexión con otros
microrrelatos del libro, reflejándose el procedimiento
de sutura, no de corte. Vinculados desde una visión
panorámica, abordan los tópicos frecuentes
de esta poética: el lenguaje, el otro, la identidad,
el sujeto y sus transformaciones, la ideología,
el cuerpo, la escritura, el miedo y la muerte, la vida
y la ficción.
Los textos-brevs funcionan como pequeñas piezas
de un modelo, que no aspira a ser definitivo
sino que se ampara en una sostenida construcción.
Son piezas textuales, fragmentos de un rompecabezas
narrativo, o una metáfora que conviene aún
más, los mosaicos del juego del 15 o del cubo
de Rubik , pues de la misma manera que el jugador instrumenta
su estrategia para organizar la figura o las caras del
cubo, el lector combina las piezas textuales
con mayor eficacia, cuanto más despliega su capacidad
cognitiva y lúdica. En el Taller de escritura
breve, Valenzuela advierte que en este juego-
se refiere a la escritura de microrrelatos- si bien
es necesario trabajar con la imaginación, el
vuelo imaginativo puede muy bien llevarnos a cualquier
parte por lo que prescribe conviene trabajar
a dos puntas, imaginación y lógica, intuición
y razón- en sabio equilibrio manteniéndose
dentro de los parámetros, escarbando con ganas
entre las frondosidades del texto por senderos que no
son visibles a simple vista y añade microrrelato
, minitexto, minicuento, flash fiction, como quieran
llamarlos, son para mí como pequeños mecanismos
de hacer pensar, mínimo engranaje que prueba
su eficacia cuando logra poner en movimiento una enorme
máquina tácita.
Asimismo es interesante no perder de vista que las configuraciones
que promovidas por las líneas de isotopía,
contribuyen a subrayar un efecto logrado por estos textos-brevs,
que amplifica el discurso en su dimensión performativa.
Me refiero a la sostenida repetición de tópicos,
sentidos, palabras-clave y recursos expresivos que subrayan
la tríada deseo/poder/escritura -a través
de la que el cuerpo se enuncia en sus ficciones- que
circulan en BREVS como estrategia de apuesta al sentido.
Como sabemos, la repetición es un fenómeno
que constituye una manera especial del recordar, que
no es ajena a la tensión oscilante que habita
la dupla recuerdo olvido, necesaria para la constitución
de la memoria, vital para la poética de Valenzuela.
Dice en Peligrosas palabras, respecto de su concepción
de escribir con el cuerpo mientras se está
viva, al cuerpo podemos ponerlo a descansar, pero a
la memoria nunca y agrega en
Escritura y Secreto No solamente resulta crucial
recordar aquello que se pretende hacernos olvidar, aquello
que nos obligaron a olvidar, sino también conviene
importar a la memoria todo lo obliterado por necesidad
de supervivencia o por miedo (
)
El olvido se presta para que los recuerdos demasiado
repetidos y obvios retornen desde otra parte, elaborados.
Como un proceso de digestión de lo excesivamente
fáctico. Gracias a la llamada bruma poética
que los científicos buscan para realizar nuevos
descubrimientos, gracias a ciertas formas de distracción
o desmemoria, en nuestro saber implantado o implementado
de golpe se abre un lugar para la sorpresa, para la
asociación inesperada y el descubrimiento (...).
Una inspirada distracción que le abre paso a
la aventura narrativa.
En palabras de Noé Jitrik, la repetición-reaparición
significa (
) porque pone de relieve la dimensión
de la incesanciaque no solo puede tener
que ver (
) con la configuración del texto
sino también con un más allá
del texto. Este término incesancia
(
) es clave de ciertos procesos textuales, espesor
de los textos. Agrega que la incesancia
es un atributo, lo inherente a la infinitud del significante,
que la repetición canalizaría.
Jitrik establece una tipología con la que circunscribe
tres modos de la repetición . BREVS puede filiarse
en la del tercer nivel, el de la repetición
no dirigida, que es aquella que canaliza
el universo imaginario que alienta una escritura.
A través de tal tipo de repetición se
trata de buscar un centro perdido en la inagotabilidad
de un gesto de modo tal que la repetición nunca
es un obstáculo sino un tobogán hacia
un más allá que siempre se roza pero no
se penetra.
En palabras de Luisa Valenzuela-ensayista, se escribe
con el propósito de hacer sentido,
to make sense como dicen los ingleses (
). Como
un desesperado intento de darle forma a lo incomprensible
sabiendo que siempre habrá un núcleo,
un carozo o un meollo inabordable. Elemento inmaterial,
inasible, inalcanzable, que vuelve tan fascinante y
perentoria (y posible) la tarea de escribir. Como el
estar en la vida
En palabras de Luisa Valenzuela-microficcionista: Cuando
se busca algo en el mayor secreto (dentro del mayor
secreto, ahí mismo) sin saber qué se busca,
olvidando a cada paso la búsqueda, buscando,
revolviendo, a la larga ¿qué se busca?.
La escritura como práctica es el espacio discursivo
en el que las repeticiones tienen un lugar privilegiado
y a las que se otorga un interés especial: citas,
intertextualidad, autorreferencias, paralelismos, parodia,
y variados procedimientos autoreflexivos y autoreflejantes.
En este sentido es oportuno pensar que los textos- brevs
articulan con gran eficacia las recurrencias de su autora
-los deslizamientos del vivir que la escritura registra
- en la constante reconstrucción/ resemantización
de un hoy perpetuo, de intercambio entre el hoy la escritura
y el hoy de la lectura el hoy para mí será,
el de la escritura (
) en cambio para quien se
disponga a abrir este libro el hoy será suyo,
será su propio momento de lectura.
Quizá sus recurrencias, estas expresiones en
vaivén entramadas BREVS en están simbólicamente
anticipadas en el motivo de tapa con el que se ingresa
al libro : una hamaca que invita a un juego, el de entregarnos
al movimiento fluctuante de las escenas que oscilan
entre la literatura y la vida.
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