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"Textos
del Reino de Losotros": Libro que
no muerde / Cuentos completos y uno más /BREVS, microrrelatos
completos hasta hoy
El sentido de lo insólito
Libro que no muerde
Por Luisa Valenzuela (Universidad Nacional Autónoma
de México)
El mundo literario suele intensificar el mundo periodístico.
Los ejemplos abundan, puesto que son muy contados los
escritores -desde Dafoe hasta nuestros días- que
no han elaborado sus obras en esa plazuela intelectual
que es el periodismo, como decía Ortega y
Gasset. En consecuencia, el caso de Luisa Valenzuela,
iniciada como reportera y cronista de viaje, sólo
responde por su rápido ascenso a otras formas de
experimentación. Y también por haber sabido
liberarse muy pronto de ciertas inhibiciones, a fin de
darnos su propia versión de la realidad, llevada
por la intuición de que más allá
de lo aparencial existe una suerte de hinterland
reservado a la sagacidad exploradora del narrador. El
tema de su primera novela, Hay que sonreír, publicada
en 1966, marca precisamente una etapa intermedia entre
la observación directa de la vida -la protagonista
es una vulgar mujer de la calle- y la busca de ese algo
inalcanzable, o indefinible, que está siempre latente
en sus ficciones. Ya más segura de sí misma,
publica Los heréticos, El gato eficaz, Aquí
pasan cosas raras y Como en la guerra.
En Libro que no muerde, la autora reproduce parte de su
copiosa labor cuentística y ofrece como novedad
numerosas piezas breves que no necesitan reunir las condiciones
estructurales del cuento -la materia narrativa se da generalmente
por sobreentendida- para afirmar la presencia de una escritora
cuyas raíces más hondas están en
el mundo del inconsciente.
De esta nueva entrega, que constituye la segunda parte
del libro, fuera de la recurrencia a temas como la muerte,
el sexo, la sensación de una otredad inminente,
etc., ciertos mecanismos de simplificación que
restan importancia no sólo al tradicional argumento
sino también a los hechos que en el texto aparecen
distorsionados, o minimizados, como si obedecieran a la
fórmula paveseana según la cual todo acontecimiento
es fácilmente transformado en palabras. De esta
manera, el lector que espera el desarrollo completo de
una fábula o una intriga, termina descubriendo
un lenguaje muy particular en Luisa Valenzuela. Y se familiariza
con los recursos sintácticos mediante los cuales
logra transmitir conscientemente muchos de sus ahondamientos
irracionales.
En Libro que no muerde asistimos, como si lo estuviéramos
viendo, a un rico despliegue de situaciones y reflexiones,
unidas a un agudo sentido de lo insólito, del caos
que acecha en todo orden. Terminada la lectura, queda
la impresión de que el mundo -nuestra propia vida-
no puede ser expresado sino en la forma fragmentaria en
que lo ha hecho la autora.
FRAGMENTOS:
Textos
del Reino de Losotros
I
No sé qué espera de mí pero lo espera.
Nosotros no sabemos explicarnos ciertas realidades pero
sí sabemos realizar ciertas inexplicaciones varias.
Es un viaje muy largo por la noche hasta llegar al Reino
de Losotros. Es un viaje muy largo sin moverse porque
como es sabido se necesita acomodar bien el ojo y mirar
fijamente para que aparezca, grabado en cada nervio óptico,
la invasión de Losotros.
No hay que tenerles miedo, no: hay que hacer caso omiso
de esos sentimientos tan oscuros que entorpecen la forma
del mirar y del desprecio. E1 miedo con desprecio es mala
mezcla, es el agua y aceite, no combinan porque el desprecio
fluye como un río y el miedo es pegajoso y queda
adherido a las solapas estropeando la estética.
Puede que con el tiempo aprendamos a hacer combinaciones
y demos en la clave de lo que es pertinente (impertinente).
Puede que con el tiempo todo se modere como dicen Losotros
y ya nadie nos mire de reojo como palpándonos las
armas de la vista. Nosotros lo creemos buenamente, nos
sentimos seguros en medio de temblores y no nos refugiamos
en ningún subterráneo enrarecido.
Losotros están agazapados detrás de las
trincheras mirándonos con ojos de malditos sean
ellos es decir seamos nos por el solo motivo de no usar
uniforme.
No es que queramos ser distintos o alzar una bandera
de colores opuestos a la de ellos. No queremos alzar nada
de nada ni ser siquiera diferentes ni imponernos distancias.
Es decir que no tenemos razón para pelearnos ni
estamos como ellos dispuestos a la muerte para defender
la limitada estrechez de lo que ellos llaman orden. No
es que temamos al duro contacto con la muerte en la que
no creemos, es que somos elásticos, proteicos,
sabemos amoldarnos a los cambios pero no a las malas costumbres
de Losotros. Sabemos desvivirnos por todos y por todo,
desvestir-nos también si eso hace falta: mudarnos
de ropaje con la estación del mundo y atender sus
caprichos.
II
Tres cables conectados al cerebro de Losotros y dos cabos
sueltos para captar las pulsaciones que llegan de este
mundo. No es fácil situación la de nosotros
ni tampoco envidiable con la coronilla en la mano y la
imposibilidad de volarnos la tapa de los sesos y volada
de suyo.
Tres cables conectados, cuatro sueltos, poco a poco nos
vamos desligando y por las estrías notan el rojo
y el verde que establecen el paso de una idea. La idea
se va filtrando, va pasando por el seso de Losotros que
es un cablerío y existe la esperanza de que esté
distorsionada cuando llegue a nosotros, que se haya apartado
para siempre del verdoso clamor de sus pellejos y detente
el poder de sugerirnos otra.
Idea distorsionada, contraidea de la cabeza de Losotros
a las nuestras con los signos cambiados. Un viraje la
altera, cobra velocidad en el traspaso y nosotros poco
a poco le vamos insuflan-do el aire que requiere para
incinerarse en vida. Ellos no tienen ojos para ver las
mutantes ideas aunque éstas despidan las luces
más sublimes, los ojos de Losotros están
hechos tan sólo para lo inalterable.
Nosotros en cambio vemos siempre las llamas y gritamos
soltan-do las amarras.
Lo llamamos milagro.
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