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Los deseos oscuros y los otros (2001)
¿Lo que se escribe no se pierde o sólo
se puede escribir sobre lo perdido? Estas páginas
dan cuenta de un calendario regido por la intensidad.
De una despedida a un reencuentro, de un abandono a
un nuevo comienzo. Y dos escenarios que albergan el
tránsito: Buenos Aires y Nueva York. Al mismo
tiempo, la casa, que requiere de paredes colmadas de
pasajes imaginarios hacia otros espacios, y los viajes,
que desprovistos de estabilidad despiertan en la autora
un anhelo de apresar lo que finalmente su diario atrapa,
o libera. Tantos años escribieron sobre lo propio,
a hurtadillas de los géneros y los congresos,
las universidades y los medios, le permitieron a Luisa
Valenzuela inventar una fórmula literaria que
altera y renueva el registro femenino: escribir con
el cuerpo. hincar con las palabras aquellas experiencias
que le rehuyen al símbolo. Valenzuela tiene coraje
literario para hacerlo y la anima un anhelo de representación
íntima. Su entrada al erotismo revela un despecho
por el miedo a contarlo todo. Ello lo hace sin tapujos
y con virtuosismo, quizá para despojarse de las
palabras que la habitan -y la desbordan- y finalmente,
como dice en el epílogo, "poder recuperar
la enrancia". Así pasa este diario, como
un devenir de los días signados por la voluptuosidad
y el acecho, donde el arrebato es tan importante como
la permanencia y los sueños una forma de descifrar
el propio desvelo. Los deseos oscuros y los otros es
un libro con carácter, una carta de renovación
de la propia literatura, la de una d las escritoras
más destacables de América Latina.