volver
Extracto de “El erotismo lúdico: fiesta del lenguaje y la imaginación” de Dina Grijalva Monteverde
El erotismo lúdico en El gato eficaz y otras novelas.
El juego se enriquece en función directa
a la imaginación y al entusiasmo que ponga
cada uno de los participantes en practicarlo.
LUISA VALENZUELA
El humor y el erotismo están ya presentes en la primera novela de nuestra autora: Hay que sonreír, pero será en la segunda, escrita en Nueva York, en donde Luisa Valenzuela muestra por vez primera una ironía extrema y un particular gusto y habilidad para los juegos lingüísticos y textuales. El gato eficaz es una novela experimental en la que busca acceder a pulsiones secretas del inconsciente dejándose llevar por los caminos sorpresivos del lenguaje
En Gato se expresa sin ambages la entrega al frenesí dionisíaco. Novela de palabras que crean imágenes de un Eros liberado y gozoso y uno de los primeros textos escritos por una narradora latinoamericana en donde el erotismo femenino no necesita del amor para expresarse.
Gato instaura su propio espacio y tiempo, crea ante la lectora/el lector un universo en donde se suspenden las leyes y reglas de la vida cotidiana, tal y como dice Roger Callois que sucede en el juego, en esta novela se crean nuevas leyes que transgreden y subvierten las leyes del orden establecido y se redistribuyen significados y valores. Son privilegiadas las estructurasde juego, proliferando y superponiéndose en una compleja red que atrapa a la lectora/al lector, quien al leer el texto se vuelve cómplice. La autora utiliza una escritura fragmentada y una multiplicidad de voces para enfrentar el discurso patriarcal, unívoco; con un humor que propicia la identificación y la complicidad y algunas veces incita a la catarsis de la risa. El texto al ser leído logra fascinar sumergiéndonos en un continuo juego estético, lingüístico y erótico que invita al gozo y reflexión en un vaivén incesante. Como afirma Juanamaría Cordones: “El texto aparece como vehículo de goce erótico, maliciosamente crítico de la práctica textual, la escritura y la lectura.”
Asistimos aquí a la multiplicación de los juegos: de palabras, de cartas, de ajedrez, de monedas, eróticos. Jugar a armar rompecabezas de palabras. En su discurso fragmentario y elíptico brilla lo lúdico del lenguaje: repeticiones, onomatopeyas, símiles, retruécanos, juegos con los acentos.
Uno de los recursos lúdicos presentes en Gato es el juego del ilinx o vértigo. Este tipo de juego está regido por la trangresión y desorden que implican agitación y turbulencia que llevan a excesos de energía conducentes al paroxismo. Un brillante ejemplo de ello lo encontramos en “Juguemos al fornicón”, “jocosa parodia del coito”
En “Juguemos al fornicón”, como en otros de las fragmentos capitulares de la novela, queda implícito que la voz narrativa es femenina y que invita a un “otro” del sexo masculino a participar: “Se juega mejor en parejas y resulta más fácil si los componentes de cada pareja pertenecen a sexos lo suficientemente diferenciados” Queda claro que el fornicón no es juego de agon (competencia), ni de alea (azar), ni de mimicry (simulacro, imitación), y sí de ilinx (vértigo), que surge del deseo y puede conducir al frenesí y al delirio del placer: “Nunca se debe olvidar que éste es un juego de placer y no una competencia.” (73).
En “Juguemos al fornicón”, podemos leer una parodia de la cópula y al mismo tiempo una concepción sobre la erotización del proceso de escritura y de su contraparte, la lectura.
Leemos la invitación plena de humor y regocijo al juego erótico para llegar a la cópula sexual: “Uno de los jugadores deberá asumir el rol más o menos activo. Es decir que comenzará el juego estirando una mano sobre el contrincante y tratando de alojarla en sus partes más recónditas […] y juntos empezarán a practicar una especie de respiración boca a boca que llamaremos beso. Es este un ejercicio bastante sano que oxigena los pulmones” (73)
Estamos frente a un texto en el cual Luisa Valenzuela restituye la risa y el juego al erotismo, que han sido expulsados de ese ámbito desde los orígenes de la práctica judeo cristiana; quien convirtió a la sexualidad en un asunto mortalmente serio, sólo válido para la procreación. Casi para finalizar el juego-texto expresa la importancia primordial del lenguaje en la construcción del erotismo, que transmuta la sexualidad en rito, en ceremonia, susceptible de verbalizarse: “Todo buen jugador debe haber llegado a este punto sin ofuscarse demasiado –cosa que puede estropear la partida- pero comentando en voz susurrada los pormenores del caso.” El erotismo es imaginación, alegría, deleite:
Éste es el punto más difícil del juego, y consiste en ensayar el mayor número y variedad de poses sin romper el contacto. El juego se enriquece en función directa a la imaginación y al entusiasmo que ponga cada uno de los participantes en practicarlo. (74)
El erotismo femenino no busca la culminación, la clausura del deseo, persigue el deseo y el placer de manera incesante: “El partido termina con gritos y suspiros, pero puede ser recomenzado cuantas veces se quiera.” (74). Y, con esa su ironía siempre a flor de piel –y de texto- inmediatamente agrega: “O se pueda”. En Gato vemos ya plenamente la inauguración en nuestra lengua de una de las innovaciones que surgen en la narrativa erótica femenina iniciada el último lustro de la década de los años 60: la puesta entre paréntesis del amor como condición legitimizadora del acto sexual, así como la total ausencia de moralización. Esta falta de requisito para gozar de los placeres del cuerpo será iniciada en El gato eficaz y se recreará en textos posteriores de Valenzuela.En la escritura de nuestra autora ello no excluye la búsqueda del amor; pero sí deja de ser condición para el erotismo.
En Como en la guerra, novela publicada en 1977 y recién reeditada, al escribir en torno a los ocultos deseos femeninos, la autora emplea un lenguaje que permite asomarnos a esos deseos oscuros, con un lenguaje gozoso, pleno de humor. Leemos aquí la expresión del deseo femenino de asesinar a un hombre:
“Hoy es noche para un asesinato, el calor está justo en su punto, como un horno para meter el cuerpo, no para sacarle el cuerpo o escurrirle el bulto, sino para meterlo bien adentro y esperar a que arda. Seré una buena viuda al revés de las viudas. Quemaré a otro para mí, para celebrar mi vida […] debería convencerlo de que venga el martes a medianoche, mientras se esté festejando la fiesta mayor de este barrio y el tiro se confunda así con el estampido de cohetes. Su muerte será como un nuevo fuego de artificio, un nuevo juego y sin que nadie lo sepa podré tener durante unos días su cadáver en el armario […] por fin un hombre para mí solita”
En 1990 Luisa Valenzuela publica dos novelas en las que el erotismo lúdico también resplandece: Novela negra con argentinos y Realidad nacional desde la cama. Novela negra es de nuevo una brillante exhibición de la escritura del cuerpo, cuerpo femenino que permite el fluir de la imaginación, lo onírico, lo lúdico, la ironía y el humor. Ana Rosa Domenella ha escrito sobre la protagonista: “sabe disfrutar del amor sexual con Agustín, cuando éste se lo permite, y más tarde con Bill […] También logra extraer placer de la escritura en sus varios registros: escribir, bailar o hacer el amor.” En esta novela se incluye “un cuento pornográfico”, su lectura evoca “Juguemos al fornicón” y el capítulo 68 de Rayuela.
Realidad nacional desde la cama es una novela en donde el juego y la sensualidad crean una dinámica de celebración que es una afirmación de vida en medio del desconcierto, el caos, la hiperinflación, la pobreza y los militares que rodean a la protagonista.
En La travesía, publicada en 2001, el gozo de vivir y la mágica aventura de la sensualidad femenina resplandecen de nuevo.
(1) Juanamaría Cordonés-Cook, “El gato eficaz: discurso lúdico-erótico”, La palabra y el hombre, núm. 75, 1991, págs. 239-245
(2) Juanamaría Cordones, “art. cit.”, pág. 242.
(3) Luisa Valenzuela, Como en la guerra, en Trilogía de los bajos fondos. México, F.C.E., 2004, pág. 222
(4) Ana Rosa Domenella, “Luisa Valenzuela: ‘Donde pongo la palabra pongo el cuerpo’”, en De pesares y alegrías. Escritoras latinoamericanas y caribeñas contemporáneas. México, CM-UAM. 1999, pág. 156.