Confesión
Al
completar una novela o una colección de cuentos quedan resabios
de ciertas percepciones que van paso a paso ampliando su
propio espectro. Creo en los caminos alquímicos y me ha
tocado a mí la llamada vía lunar, que contrariamente a la vía solar transita de la práctica
a la teoría. Es decir que primero hago, siguiendo el hilo
narrativo o la llamada inspiración, y después trato de entender
lo que hice, y sobre todo por qué lo hice. Literariamente
hablando, claro está.
En este
caso se trata de un acercamiento al trabajo de teoría como una excrecencia del trabajo de creación. Un tomar
distancia de lo escrito desde la pura ficción para intentar elaborar algunas
ideas al respecto. A veces, con suerte, en un espiralado juego de vaivén, de la
idea nace algún pequeño relato que la ilustra.
Sólo
con los cuentos agrupados bajo el subtítulo Cuentos
de Hades, del volúmen Simetrías,
logré invertir la corriente y pude escribir narrativa a partir de una
concepción teórica. Se trata de una relectura desde la mujer – y la mujer que
se narra a sí misma-- de los cuentos de hadas de Perrault. Ya abordaré el tema
cuando corresponda, aunque muy bien no sé cuándo corresponderá, porque me
gustaría que los siguientes capítulos funcionaran como una forma de hipertexto;
quien los lea podrá saltar del planteamiento de un tema a su desarrollo en otro
sector del libro. Por eso mismo titulé Ventanas
aquello que aparece como estrambote o dato añadido.
Mi
tránsito por la vía lunar me viene de lejos, si bien me llevó años saber que se
trataba de algo reconocido y hasta quizá positivo. Como si fuera ayer me
acuerdo de una tarde de inglés en mi escuela primaria cuando teníamos que
completar frases, muchas de ellas refranes o consejos para mí desconocidos. La
única frase en la que me equivoqué la había dejado para lo último, a causa de
la duda. Decía: “.... before you ....”
y las palabras que me quedaban para escoger eran look y leap. Lo pensé
mucho. Y decidí que era preferible saltar primero y mirar después, para no
aparecer como una mirona presa de la tan difamada curiosidad femenina.
Se ve
que no aprendí la lección. Primero salto, y después miro.
Los aquí
reunidos son, en definitiva, ejercicios de una mirada posterior a ese salto al vacío que es la escritura de ficción.
Muchas cosas se dicen sobre la
escritura de la mujer para simplificar algo que puede ser tan similar a la
escritura patriarcal y sin embargo tan sutilmente diferente.
Se dice, por ejemplo, que la
escritura de la mujer está hecha de fragmentos. Con los presentes textos no
intento refutar idea tan simplista, todo lo contrario. Trataré de
alentarla pensando en fragmentos,
aunque no me reconozca tanto en la
escritura fragmentada como en la polifonía, una multiplicidad de voces para
enfrentar el discurso hegemónico, unívoco.
Como
las hacendosas muchachas que me precedieron en la historia, éste será un
muestrario. Ellas lo confeccionaban con
aguja e hilo, los delicados puntos cada vez más complejos que iban aprendiendo
en sus clases de bordado; el mío no resultará un bordado tan vistoso porque
intentaré, como se propuso en un memorable encuentro en la ciudad de México, ir
bordando con la escritura alrededor de la palabra. O mejor dicho alrededor de
todo aquello que el tema palabra
convoca.