ESCRITURA Y SECRETO
 OTROS


Introducción

En tierras de don Alfonso Reyes, maestro de maestros, señor de la elegancia estilística, de la sabiduría y el humor, parecería un descaro ponerse a hablar en general sobre escritura y lenguaje si no fuese porque la escritura se nutre con avidez del descaro. De no ser así nadie escribiría, nadie se lanzaría a la riesgosa aventura de sacar algo de la nada que es el acto de hacer arte.

Con palabras confeccionamos a diario nuestra comprensión del mundo que nos rodea. La cosmogonía de cada uno se ve limitada o expandida por las dimensiones de su vocabulario. Tejemos un punto tras otro al ir anotando palabras,  y como Penélope podemos armar una larga bufanda destejible, con intención espúrea,  o emprender la confección de alguna prenda más compleja. Habrá entonces que cerrar acá, agregar puntos allá, avanzar y retroceder, y no hay patrones disponibles. No hay patrones o moldes si se quiere producir algo distinto: escribir de verdad. Y las cosas, es decir el tejido -- conviene no olvidar, ya lo destacó Mary Daley, que textos y textiles son equivalentes porque derivan de la misma voz latina, textere— van cobrando una forma que muchas veces nos sorprende, que al menos en mi experiencia resultan mejores cuanto más  logra sorprenderme.

Cierta medida de desparpajo y osadía se necesita para cabalgar la contradicción, ese potro lleno de mañas. La urgencia de decirlo todo en libertad, sin cortapisas, debe equilibrarse con un rigor de cirujano para no irse en palabrerío inútil,  para mantener siempre a raya los fáciles desbordes de la imaginación y la verborragia. Como avanzar a todo galope con la rienda corta, o como remontar un papalote que puede bailar en la desmesurada libertad del aire siempre y cuando sepamos mantener la exacta tensión/distensión del hilo que muchas veces nos lastima, que con mil maniobras inesperadas intenta deslizarse de nuestras manos  y al que no debemos –si queremos escribir bien-- soltar jamás.

            Del hilo hablaré más adelante. El hilo narrativo.

            Como presentación baste con decir que elegí, para esta insigne cátedra, diversos acercamientos al tema de la escritura. En la conferencia magistral abordé el tema Escritura y Secreto, el Secreto en tanto enigma o misterio de la vida al cual la literatura, hecha del puro lenguaje, trata de acercarse empujando en lo posible el límite de lo inefable. Aquí ofrezco una versión corregida y muy aumentada en la que incluyo nuevas reflexiones y también una nueva combinatoria de fragmentos escritos para otras circunstancias que tienen relación directa con el tema.

En cuanto al curso propiamente dicho, elegí no dictar un seminario o una serie de conferencias sobre el arte de  la ficción –que cada uno deberá ir descubriendo por su cuenta, si es que quiere meterse de lleno en este maravilloso y maldito oficio—sino organizar un taller de escritura. Breve, el taller y breve la forma de narrativa propuesta, el microrrelato. Un taller concebido para estimular la imaginación y enfocar la llamada realidad desde infrecuentes ángulos, es decir de manera literaria, y que aquí propongo por escrito.

Las dos partes  se conjugan y pueden ser usadas como instrumentos exploratorios por quienes quieran internarse en el bosque de la escritura y quizá traer de regreso algún tesoro propio, o al menos atisbarle la cola del lobo. Pero recuerden: en estos terrenos la brújula infalible no existe, debemos reajustarla a cada paso.

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